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Friday, July 31, 2020

UBRE BLANCA


LA GRAN DIVA DE OPULENTAS MAMAS DE LA REVOLUCION CUBANA

   No sé si recuerdan a la gran estrella o diva que ocupó los espacios de la TV, los periódicos y llenó de elogios casi sensuales  los discursos de Fidel Castro allá por los ochenta.
  Era nada más y menos que una simple vaca. Pero eso sí. Una vaca que batía todos los record de producción lechera diaria en tres ordeños al día, que se cuantificaban celosamente por los veterinarios aduladores de Castro.
   Ubre Blanca, que así se llamaba, era el centro de los experimentos  de Castro con los cruces de ganado Holstein un semental canadiense y una criolla mulata Cebú  hasta obtener la gran vaca, otros experimentos vendrían después para obtener vacas enanas como pequeños  perros que iban a tener en cada casa los cubanos.
  No había queso, ni yogures ni otro producto lácteo en las tiendas. Pero Ubre Blanca era la superestrella adorada y repetida cada día por los medios revolucionarios. El pueblo decía en voz baja que era la primera dama en posar frente a las cámaras como esposa del caballo –Fidel  Castro- y que del primer ordeño él se pegaba a una ubre del bovino para darse fuerza en su desquiciantes discursos de siete horas ante el pueblo.  
  Fidel Castro habló por teléfono con el famoso diseñador Georgio Armani para que diseñara bellos vestidos a la primera dama, digo, vaca, y salir fotografiados ambos en la Portada de la revista Vogue-la famosa revista tuvo su recelo, no se atrevía a fotografiar a dos animales posando juntos. Aunque le ofreció una millonada de dolares el famoso modisto no se atrevió a hacer vestidos con apertura para la ubre gloriosa y el trasero para que hiciera sus necesidades.    Fidel, defraudado, se conformó con posar para la revista Bohemia que era la única que valía  la pena leer por los caricaturas que colocaban en las últimas páginas.     
  Dicen que le colocaban audífonos con música clásica-le encantaba Mozart- y un ambiente climatizado pero tenía mal carácter, la fama se le estaba subiendo a la cabeza y comenzó con MUUU muy intenso y distorsionado. 
   Producía tanta leche que iba a alimentar a un pueblo del tamaño de Guanabacoa. Y Castro orgulloso de su vaca. No le daba crédito ni a los científicos, ni biólogos ni veterinarios que no se atrevían a contradecirlo en sus experimentos constantes de tirano alucinante.
  Primero le entraron a Ubre Blanca movimientos catalépticos inusuales y a maullar como una soprano desafinada. Fueron los primeros síntomas de  la vaca que luego aparecieron en el Reino Unido como el síndrome de las vacas locas.
   Hasta que  un día a la pobre vaca le nació un tumor. Cáncer. Pero Fidel diría la última palabra: que conservaran parte de la vaca para clonarla en el futuro-Genetista experto-
   Hasta la embalsamaron después de su muerte e hicieron sus aduladores, una estatua  de mármol de la difunta Diva que acaparó, como reina de la Farándula, los periódicos y revistas de Cuba.
   Nadie lloró por la vaquita muerta y Fidel pasó a otro de sus experimentos.
  Menos mal que en aquel tiempo la mantequilla era importada de Alemania Comunista que ya conocían por occidente el efecto nocivo sobre el colesterol y los lípidos.
   Luego les tocó el turno a otras  de las locuras de Castro pero esto sería demasiado largo como el reinado 60 años del dictador.       


                               Orlando Vicente Álvarez

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