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Monday, January 7, 2019

Dia Feliz en Hospital de Maldonado. Uruguay.

   




DIA FELIZ EN HOSPITAL DE MALDONADO. URUGUAY.


    Hoy fui temprano al Hospital de Maldonado, otra vez bajo una copiosa lluvia- aquí en Uruguay el clima es massss raro, calor en invierno y mucha lluvia en pleno verano-lo que afecta la industria del Turismo.

  Bueno, a lo que iba. Me sorprendió no ver a ningún paciente frente a la farmacia.

   Seguro que otra vez se cayó el sistema- de la Computaduras preciso para que los políticos no se sientan aludidos- o alguna nueva cagastrofe había sucedido.

  Tomé el número del rodillo e inmediatamente sonó el timbre de la farmacia llamando a otro doliente. Me fijé y era nada más que yo.

  -Caballero. Si estoy de suerte hoy. Debe ser que Santa Barbara ha traído la lluvia y la bonanza medicamentosa.

  Pero yo no había traído mochila- digo la java para estar preparado para este acto inusual-y revolví en mi guarda picha o riñonera en busca de las recetas mientras  la nueva chica de la farmacia esperaba.

  Me enredé con el paraguas abierto, el guarda picha, los lentes y las recetas y la muchacha esperando y esperando  con calma mi búsqueda.

  Al fin encontré el puñado de recetas médicas. Era un amasijo de papeles húmedos por la lluvia y como no encontraba los lentes por el nerviosismo no sabía qué medicamento era y cual no era.

  Llevé las recetas a la nueva chica-la otra tenía una cara de tranca que me atemorizó, no vaya  a ser que me negara el servicio  por conocer mi elocuencia y buenos modales.

  La farmacéutica revisó  las recetas y fue eliminando una a una.

  -¿Qué pasa señorita, es que están en falta?

 -No. Están repetidas.  Aquí tiene cuatro  recetas de Enalapril y ya tengo en la PC que le corresponden dos.

 -Pero yo no tengo la culpa. La dietóloga me indica Enalapril para mi hipertensión, el Medico general también, ahí van dos recetas. También la Neuróloga y el cardiólogo y así sucesivamente. Me quieren Enalaprilizar.

  -¿Y esta receta que no entiendo la letra del médico?- dijo.

   Dios perdónala por ser nueva. Mira que una farmacéutica que se respete no entienda los garabatos que hacen los médicos, si han estudiado para Desencriptar hasta los jeroglíficos egipcios.

   Yo leí la receta y decia cada “cada 12 horas”

   -El problema es que me indicaron una colecistectomía cada doce horas. –Y agregué después de unos segundos- Señorita la lectura es "Valcote cada 12 horas"

  Ahh. Bueno- dijo aliviada pero sin sonreír.

  Me buscó los medicamentos y entonces encontré otro problema. No había llevado la mochila, digo la java de comprar los mandados y no tenía donde meter tantas cajas de medicamentos.

  -Señorita. Por casualidad… No es para ofender su sensibilidad… No tendría una bolsita de nailon para llevar los medicamentos...

  Ella, rampante y triunfante me dijo un redondo NO.

  -Acaso las dejaron de importar de Filipinas o de Nueva Zelandia, digo, porque aquí se ven cada cosa…

  -No. No tenemos- dijo muy sería sospechando mi ironía.

  Traté de introducir las pequeñas cajas en el guarda picha pero no entraban, eran demasiados. La tonelada de medicina que tomo yo 2 veces al día me tienen como un zombi y ya me compliqué, para rematar, con una gastritis itinerante, que viene y va, viene y va.

  Gracias a Dios que yo iba en Bermuda de 6 bolsillos. Bolsillos por todos lados. Ahora sé porque carajo la fabrican con tantos bolsillos, deben ser para que los pacientes de los nosocomios puedan llevar cómodos en ellas su copiosa farmacopea.

  Recogí el paraguas que había dejado abierto en medio del pasillo por lo apremiante del turno en la farmacia, todo descascarado  y con algunas varillas al aire, o sea que más que paraguas parecía un atrae sol y un atrae lluvia.

  Me fui para la parada a esperar mi ómnibus. Un anciano flaco con un apéndice nasal bastante pronunciado  se sentó junto a mí.

  -Buenas tardes… ejem… perdone. Buenos días. Mire cómo está el tiempo en pleno verano, lluvia para acá y lluvia para allá...

 -Debe ser la luna que cambió de lugar con tantos viajes de los cohetes y la capa de Ozono que está despareciendo por los gases de los vacas.-dije mi chiste favorito.

 El anciano me miró detenidamente.

  - Pero vos me estás cargando o qué. Mira que mi cirujano faltó a la consulta y yo voy a aprovechar a ir a la Intendencia y todo ese lio de las jubilaciones, papeles y papeles…

  - No será que quieren saber si quiere cremación o entierro normal por la Intendencia…

  - Otra vez vuelve a cargarme. Mira que ya yo tengo 80 años para aguantar esto de un joven humorista que ya raya en la falta de respeto.

  -Yo tengo 60 años-mentí, tengo 61-y a mi ninguna contingencia me hace perder el sentido del humor.

  -Y lo peor que el Cirujano no vino. -dijo el anciano después de unos segundos.

   -¿Y qué tiene usted para estar tan calmado? Pregunté ingenuamente.

  -Tengo algunas heridas en el pecho. Me querían mandar en ambulancia a otro hospital…

  - Mire que en la Intendencia puede infectarse la herida y agarrar gangrena y todo ese lio…

  - Y vos te crees médico para entender de estas cosas.

  - Mire. Que estaba bromeando con usted para levantarle el ánimo y alegrarle el día.

    El anciano me dio la espalda y no hablo más. Mi bus se acercaba.

  -Adiós. Señor, que la pase bien en la Intendencia y no se agite mucho que esas heridas sangran y sangran…

  -¡Que te pario!

    Caballero pero qué cosa esa. Yo que pensé que tenía un día feliz por lo bien que me atendieron en la farmacia y viene este caballero y se ofende así.

 La verdad que no comprendo a los uruguayos. Tan pacífico y buena gente que yo soy.

                              

     

Thursday, December 27, 2018

MALDONADO, URUGUAY: CRISIS EN HOSPITAL.





CRISIS EN HOSPITAL DE MALDONADO. URUGUAY.

 Ayer había amanecido con una lluvia torrencial, pensé que a esa hora de la madrugada habría pocos pacientes en Hospital de Maldonado. Pero no, existían grupos de dolientes que esperaban en Emergencia la llamada por un altavoz casi mudo.

   Fui a llorar a la amable Cardióloga que hacía le ecocardiografía y le expliqué que me faltaba el aire al caminar media cuadra y que era Diabético Tipo II. Sin apiadarse de mí me envió a sacar turno en emergencia pues ella tenía que salir  rápido a una boda o cumpleaños bajo la lluvia, última moda en la clase media.

  Le dije que yo sabía lo que tenía y que en emergencia- después de esperar varias horas, me bajaban la glicemia y me darían algún medicamento para el corazón que ya sospechaba que en farmacia no existía.

  Primero  me mandó a una de las ventanillas que era como la 17 o la 5, cada una de las muchachas  te enviaba a la siguiente, para decirte que si no tenía un pase de Medicina general o de la Diebetóloga o de la Cardióloga no podían hacer nada.

   Miré la  cantidad de burócratas mal pagadas- aun las que estaban resguardada bajo el cristal, a la derecha de la entrada del Hospital y que chismeaban divertidamente sin atender ninguna queja.

   Fui al Laboratorio y una paciente joven, por llegar algo tarde a su turno por la lluvia, no la quisieron atender. La mujer en un arranque de rabia desgarró las indicaciones  de los análisis delante de todo el mundo. Aquello era un escándalo pero los demás dolientes no dijeron nada. Y allí quedó  el ripio de los papeles hasta que las ayudantes de limpieza- ojo, tener cuidado a cómo te referís  a estas pobres mujeres mal pagas- como indicadores indirectos del maltrato que sufrían los pobres pacientes.

    Para pasar por el pasillo del Laboratorio había como 3 Segurities que preguntaban hacia donde uno se dirigía, se conformaban con la palabra de destino sin comprobar si uno llevaba un coctel molotov escondido bajo las ropas y lo iba a hacer estallar dentro del Nosocomio.

  Hay tantas mujeres tras ventanillas, más otras que se encuentran detrás de ellas, que creo que sobrepasan al personal  médico y paramédico.

   Hay un exceso de burocratismo insano. Entran a trabajar por amiguismo o concurso. No sé.

  Los siquiatras parecen haber sido expulsados hacia la periferia como San Carlos y el Vigía. No tienen, algunos de los enfermos mentales, ni boletos  para el transporte. Alguno de las enfermedades leves psiquiátricas ya ameritan que los ingresen en el Vilardebó por lo mucho que sufren en esos viajes.

   Habia un psiquiatra de pelo canoso, sin peinarse y mirada extraviada, anciano, que ya debía estar tranquilamente jubilado y rumiando y recordando todas las pesadillas que les provocaba al dar tanto electroshock. Yo pensé que era un paciente escapado del Vilardebó, Pero seguía dando consulta y repitiendo medicamentos al pobre pueblo que más sufría. El pobre Doctor ya debían haberlo retirado. A los pacientes con síndrome de “temor moderado al mundo” escapaban corriendo del consultorio al ver al anciano hasta media cuadra donde caían ya curados del miedo, esa era la mejor terapia.

   Otro  Doctor  de Medicina Interna con edad de retiro a quien uno le explicaba una anamnesis correcta de su  padecimiento y él sin mirar la computadora decia  con voz agria ¿Qué medicamentos necesita? Y Uno quedaba paralizado ante esta respuesta.

  Las enfermeras parecen bien enseñadas y tratan con amor a los pacientes en curaciones y en emergencia, pero las doctoras parecen estudiantes malas practicantes de la carrera de medicina y no saben casi nada. Solo atender a los más traumatizados y que ante heridas grandes y mucha sangre, pierden el conocimiento.

   Las señoras de farmacia son amables al decirte que ciertos medicamentos de uso crónico e impresencidibles no se encuentran en existencia. Así que los diabéticos, epilépticos  y cancerosos se quedan por semanas hasta  que el laboratorio madre los provea y desaparecen   enseguida de farmacia ante la demanda del pueblo.

   Por eso te envían a la ventanilla No. 7 para que la chica te pregunte si opta por una cremación o un entierro normal. Y los ancianos, resignados se van a casa a esperar que Dios se los lleve si antes no llega el medicamento al hospital.

 Hay una mujer farmacéutica que parece que al maquillarse antes  de ir al trabajo come un pedazo de puerco fresco para que sus labios  estén  iridiscentes como Dios manda y es una de la más vieja en la Farmacia, trata a  los pacientes con la sequedad que se merecen esos ancianos que no pueden con su alma y sin un medicamento que está en falta.

  La de los labios sanguinolentos  a medida que estos se los va secando y se le quita el disfraz se pone de mal humor pues enseña su verdadera alma. Le tengo terror, porque temo que rompa el cristal y devore mi cara como un caníbal y así sus labios recuperen el color rojo intenso.

   Pero lo peor es el burocratismo que practican en las ventanillas de cristal donde envían a los ancianos desorientados de una a otra, haciendo a veces colas interminables. Para decirles que se equivocaron de ventanilla, que es la 2 o la 5 o la 10, y al fin los ancianos terminan golpeando la puerta del baño a ver si lo atienden o si hay alguien seminconsciente  lo trate correctamente.

   Sé que personal administrativo está mal pago y que eso se refleja en sus semblantes de mujeres frustradas. Debían agarrar otro trabajo porque en la Salud deben tener una sensibilidad especial para tratar a los pacientes, que no van por diversión, sino en busca de ayuda. Excepto cuando la acompañante del doliente va vestida de mujer adinerada entonces sus voces se dulcifican y atienden bien o dan una dulce explicación al familiar.

    Ya escribí un cuento sobre la Diabetóloga, que trata bien o mal, según su depresión está en alza  o baja o que su marido que le de mantenimiento de vez en cuando.
 Escribo un  cuento sobre ella, claro que sin su nombre, titulado “La Arpía con Bata Blanca”

   
  Tenemos que ayudar al Hospital de Maldonado a suplir sus carencias, sobre todo  respeto a la dignidad del paciente. No sé si el Director sabe de estas cosas o las sabe y no puede hacer nada,


  Y sobre todo, darle una paga digna a su numerosa burocracia y a sus amables enfermeras.