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Friday, September 6, 2019

CUBANO


jueves, 15 de junio de 2017

Memorias de un niño guantanamero: Guantanamero , Cuba

Memorias de un niño guantanamero: Guantanamero , Cuba
version en papel. by orlando vicente alvarez.Un niño guantanamero de los años 60 vive las aventuras en el barrio y en las montañas y por ultimo emprende una aventura que lo marcara para sienpre.Como trasfondo el principio de la revolucion cubana de Fidel Castro y sus avatares y cambios sociales

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sábado, 3 de junio de 2017

TE PRESENTO LIBROS EN AMAZON

Books › Biographies & Memoirs › Memoirs
Memorias de un niño guantanamero: Guantanamero , Cuba (Spanish Edition) (Spanish)
by orlando vicente alvarez (Author, Narrator),

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---------------------------------------------------Books › Politics & Social Sciences › Politics & Government
CHINANDEGA: SECRETOS DE LOS MEDICOS CUBANOS EN NICARAGUA: Chinandega (Spanish Edition) (Spanish)
by Orlando Vicente Alvarez (Author)


TAGS-CUBA,CUBANO,GUANTANAMO,URUGUAY,NICARAGUA,MEDICO,MEMORIAS,VICENTE,ORLANDO,

lunes, 1 de mayo de 2017

AHH… LA DÉCADA DE  LOS 70 EN GUANTÁNAMO


    Fueron los días de gloria de nuestras vidas. Fue una década muy especial, sobre todo cuando estábamos en  el preuniversitario y nos agrupábamos en tribus. Estaban  las chicas católicas, blancas, lindas y formales. Eran las  de mejores calificaciones y eran  calladas y bien arregladas. Algunas su orgullo no les  permitía a los machos con los cojones bien puesto acercase a ellas. Algunas tenían novios de años superiores y tan altivos como ellas.
    Otra tribu eran las chicas del montón donde existían las negras, jabas y mulatas. Aquí había algunas con fama de putas y lesbianas. Esta tribu era la más grande, sacaban medianas calificaciones y era el  grupo que organizaba las  fiestas privadas los sábados en la noche y que vestían a la  moda. Era la época de los peinados spell droons, en los varones sus cabezas parecían pelotas y con sus pantalones campanas y las camisas ajustadas parecían  salidos de la tapa de un vinilo.
    Pero los que  nos sentíamos verdaderamente como Dioses éramos los que escuchábamos AFRTS, la emisora de la base naval americana que  se escuchaba perfectamente en todo Guantánamo y que ponía el Hit Parade los  domingos y todos los días música actualizada. Siempre había alguien que grababa esa música americana que nos volvia locos. También estaba la televisión americana que se  veía nebulosa pero nos permitía ver el programa de baile Soul Train  que nos enseñaba el estilo que esos tiempos se bailaba en EE.UU.
    Siempre alguien traía alguna bebida para alegrar el ambiente. Empezaba la música Disco y nuestra juventud, nuestra ansia de vivir, nuestra despreocupación, nos hacía girar y girar como si fuéramos los dueños del mundo.
    La década de los 70  en Guantánamo era única en toda la isla de Cuba.

 I know is only rock’n’roll but I  like IT, esa canción  de los STONE estará en mis recuerdos  de adolescente cuando nos creíamos los dueños del mundo y nuestra ingenuidad sin saber que nuestras vidas cambiaría para siempre y nos desperdigaríamos por el mundo.

lunes, 6 de marzo de 2017

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jueves, 9 de febrero de 2017

UN DIA EN UN RIO DE GUANTANAMO CON LA FAMILIA

UN DIA EN UN RIO DE GUANTANAMO CON LA FAMILIA


        Después de 18 años sin visitar la isla de Cuba desde Uruguay me dan permiso para ir. Sin miedo a los gendarmes me paseo por la ciudad de Guantánamo.
      La familia decide ir al rio, no un rio como los de aquí, sino algo como un arroyo caudaloso que llega a la cintura.
      Mi sobrino Joe como buen cubano se ha agenciado y ha transformado una camioneta Chevrolet de los 50’ en un moderno tráiler de transporte para dar viajes a La Habana y así ganar unos dólares que mal no vienen.
   Hace un calor insoportable. Llevamos un cerdo ya carneado, arroz, frijoles y plantones pintones. Yo voy delante junto al chofer que es primo mío. Por el camino compramos cerveza y la echamos en una tina de  plástico duro y aserrín. Mi madre va a mi lado y se estrecha contra mí como si fuera a perderme.
   Por el camino hay árboles de tamarindo lleno de fruto y más delante de mango coloridos que aquí no en Uruguay raramente se ven.
   Subiendo la loma de La Farola veo los edificios a lo lejos de la Base Naval Americana que me trae traumáticos recuerdos.
   Por fin llegamos a una entrada por donde cabe fácilmente un camión y nos introducimos por él hasta una explanada rodeada de mangales en plena parición.
   Nos bajamos y aquello parece un ejército. Los niños corren a los frutos y los mayores al rio. Allí nos ordenamos. Rubén mi hermano hace un fuego con leña y  coloca la carne sobre una parrillada. Mientras mi esposa, discreta para no llamar la atención, va pelando los plátanos y mi suegra prepara el arroz con frijoles.
   Mi hermano, que también vive en el Uruguay ha traído a su esposa uruguaya la cual se harta de mango  en el rio: mangos rojos, grandes, pulposos, difícil resistir a la tentación. Después lo pagaría con una diarrea incontrolable, no tiene enzimas para digerir tanta carga.
   Yo me introduzco en el agua con mi hijo Orlandito y  retozamos alegres, después se une mi hija Jennifer y nos echamos agua como tres niños. Y viene el resto de la familia: Joe y su esposa y sus hijos y otros primos a bañarse y a mantener la espalda debajo del agua porque el sol quema. Yo me siento junto a mama y mi hermano uruguayo y la lanzamos al rio con ropa y toda. Ella se queja pero se nota que le gusta.
   Van sacando la cervezas frías ¡Están deliciosas! Yo sigo en el  agua mirando a mis hijos y mi corazón se oprime. Menos mal que mi rostro esta mojado y no ven las lágrimas.
   Nos llaman a comer. El congrí con plátano pintón está bueno y el pedazo de lechón es lo mejor. Yo me harto hasta que no doy más. Así hacen los demás.  Yo tiro fotos a los grupos en distintas faenas y divirtiéndose en el agua. Miro a mis hijos por debajo del agua y parecen un caleidoscopio diluido que se ha mojado para siempre.
   Después de esperar un rato nos vamos a bañar y  a dejarnos arrastrar por la corriente unos metros sin perdernos de vista. Los muchachos han traído una botella de Habana Club y haciendo un círculo van pasándola uno a uno mientras bromean alegres. Yo  no participo, estoy sentado al lado de mi madre y le paso un brazo por el hombro. Mi otro hermano hace lo mismo.
   Anochece. Los chicos recogen mangos para llevarlos casa y seguir comiendo. Volvemos ya en plena noche. Mi mujer me prepara  un potaje de frijol colorado que me cae bien. Ya bañado, salgo al corredor a tomar el fresco y no sé por qué estoy molesto. Extraño a Uruguay. Siento que después de 18 años he echado raíces allí, es donde pertenezco y que a Guantánamo voy como turista. 







lunes, 6 de febrero de 2017

VERANO PUNTAESTEÑO VISTO POR UN GUANTANAMERO



   Es pleno verano en Punta del Este. El sol pica la piel y el mar es más azul. El ambiente ha cambiado. Nos invaden los turistas argentinos y brasileños con sus descapotables Audi y Mercedes Benz. Es una delicia verlos circular por las calles a toda velocidad. 
    El Puesto de Lo de Cacho ha abierto para la temporada. La vista se alegra entre tanto verdor y el color de las frutas, algunas exóticas para mí.
   Voy a la playa, a la Mansa que es más tranquila y tiene una mejor vista con la isla de Gorriti y los cruceros al frente. Han construido un pasillo de madera a lo largo de la playa donde los turistas de a pie pueden admirar la vista y pasear por toda la orilla. Yo llevo  bermuda corta, remera y pantuflas y mi cámara foto digital.

   No hay nadie bañándose a pesar del calor reinante. Bajo y me acerco a la orilla y meto las patas  en el agua ¡Esta helada! ¿Cómo puede ser? Parece que la antártica está más cerca que los trópicos. 

   Hay sombrillas alineadas por todas partes donde se sientan a tomar el sol las clases más pudientes, sobre todo frente al casino Hotel del Conrad que tiene un parador en frente del otro lado de la rambla, cerca de la orilla y dos banderas anunciando el ron Habana Club para refrescarse con un daiquiri o un mojito cubano. Esto me recuerda mi tierra.

   Veo las motos de agua alineadas cerca de la orilla listas para ser alquiladas. En el mar, a corta distancia, veo dos motos que compiten en una carrera loca y humeda hacia la eternidad si no frenan el paso.
   Me detengo a deleitarme con un mojito. No son como los de Cuba, le falta lima como le gustaban a Hemingway en el Floridita de la Habana. De todos modos el hielo y la yerba Buena y el azucar hacen que el sabor sea delicioso. Lo tomo a sorbos, para que sea eterno, para que nunca se acabe.


   El sol quema la piel, no me da tiempo a recorrer toda la playa hasta llegar al puerto donde se alinean yates lujosos y otros más discretos. Tiro algunas fotos para recordar aquella calurosa tarde en la playa en pleno verano de Punta del Este cuando sea más viejo, si Dios lo permite.

domingo, 8 de enero de 2017

EDUCANDO A MIS VECINOS


    Cuando era un niño mi casa era la más grande de la cuadra y la clase media no era muy abundante. Teníamos televisor que mamá con su buen corazón abría la puerta para que los chicos del barrio-la mayoría descalzos- entraran a ver Las Aventuras de las 7:30.

    Teníamos teléfono y cada mes se formaba un lio a la hora de pagar la factura pues siempre se colaba una de larga distancia que costaba más dinero y nadie se hacía responsable. Mamá pagaba.
   Pero el lio mayor se producía a la hora de usar el refrigerador. Diversos vecinos guardaban la carne envuelta en un nilón en el congelador. Este era grande, un kelvinator ancho y profundo. No pasaba nada hasta que un día una vecina que era muy pobre y tenía varios hijos se llevó la carne de otra que era muy respetuosa y se llamaba Sonia.

   Cuando Sonia vino a buscar su porción de carne a la hora del almuerzo esta había desaparecido. La única explicación es que la vecina que tenía varios hijos se la había llevado y como la porción era grande la empezó a cocinar. Yo fui a la pobre casa y le explique problema y la vecina pobre se hizo la que no se había dado cuenta pero en el sartén fritaba los big steak de Sonia. Tuvo que sacar la carne olorosa del sartén y yo se la lleve Sonia que ponía cara de mala. Intercambiamos las carnes. Al menos Sonia se había ahorrado aceite.

   Cuando mi Padre se enteró del asunto prohibió el trasiego hacia el frio, el uso del teléfono a extraños y cerraba la puerta a la hora de Las Aventuras lo que perdió diversión a los niños que tuvieron que mirar de pie por las persianas.

   Las vecinas involucradas no se hablaron más. Mamá casi no salía de casa y contrato a una jovencita con cama para que se encargara de esos  menesteres.

  Nunca más las vecinas usaron la heladera ni le hablaron a mi Madre que recibió una lección: no se puede ser tan bobo con los vecinos.


Monday, February 6, 2017

#Uruguay #puntadeleste SUMMER PUNTAESTEÑO SEEN BY A GUANTANAMERO



SUMMER PUNTAESTEÑO SEEN BY A GUANTANAMERO



   It is full summer in Punta del Este. The sun bites the skin and the sea is bluer. The atmosphere has changed. We are invaded by Argentinian and Brazilian tourists with their convertible Audi and Mercedes Benz. It is a delight to see them roam the streets at full speed.
    The Cacho's Post has opened for the season. The sight rejoices between so much greenness and the color of the fruits, some exotic for me.
   I go to the beach, to La Mansa which is more quiet and has a better view with the island of Gorriti and the cruises to the front. They have built a wooden walkway along the beach where tourists on foot can admire the view and stroll along the entire shore. I wear short , t-shirt and slippers and my digital photo camera.

   No one is bathing despite the prevailing heat. I go down to the shore and put my feet in the water. This frost! How can it be? It seems that Antarctica is closer than the tropics.

   There are umbrellas lined up everywhere where the richest classes sit down to sunbathe, especially in front of the Casino Conrad Hotel which has a hostel in front of the other side of the promenade, near the shore and two flags announcing the rum Havana Club to cool off with a Cuban daiquiri or mojito. This reminds me of my land.

   I see the water skis lined up near the shore ready to be rented. In the sea, at a short distance, I see two motorcycles competing in a mad and humid race towards eternity if they do not slow down.
   I stop to enjoy a mojito. They are not like those of Cuba, they lack the file as Hemingway liked in the Floridita of Habana. Anyway, ice and yerba Buena and sugar make the taste delicious. I take it by sips, so that it is eternal, so that it never ends.


   The sun burns the skin, I do not have time to travel all the beach until arriving at the port where lined luxury yachts and other more discreet. I take some photos to remember that hot afternoon on the beach in the middle of Punta del Este when I am older, if God permits.

DR ORLANDO VICENTE ALVAREZ
CUBAN URUGUAYAN,GENIUS