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Sunday, June 2, 2019

HOSPITAL DE MALDONADO EN CRISIS.Uruguay.



CRISIS EN HOSPITAL DE MALDONADO. URUGUAY.


 Ayer había amanecido con una lluvia torrencial, pensé que a esa hora de la madrugada habría pocos pacientes en Hospital de Maldonado. Pero no, existían grupos de dolientes que esperaban en Emergencia la llamada por un altavoz casi mudo.

   Fui a llorar a la amable Cardióloga que hacía le ecocardiografía y le expliqué que me faltaba el aire al caminar media cuadra y que era Diabético Tipo I. Sin apiadarse de mí me envió a sacar turno en emergencia pues ella tenía que salir  rápido a una boda o cumpleaños bajo la lluvia, última moda en la clase media.

  Le dije que yo sabía lo que tenía y que en emergencia- después de esperar varias horas, me bajaban la glicemia y me darían algún medicamento para el corazón que ya sospechaba que en farmacia no existía.

  Primero  me mandó a una de las ventanillas que era como la 17 o la 5, cada una de las muchachas  te enviaba a la siguiente, para decirte que si no tenía un pase de Medicina general o de la Diebetóloga o de la Cardióloga no podían hacer nada.

   Miré la  cantidad de burócratas mal pagadas- aun las que estaban resguardada bajo el cristal, a la derecha de la entrada del Hospital y que chismeaban divertidamente sin atender ninguna queja.

   Fui al Laboratorio y una paciente joven, por llegar algo tarde a su turno por la lluvia, no la quisieron atender. La mujer en un arranque de rabia desgarró las indicaciones  de los análisis delante de todo el mundo. Aquello era un escándalo pero los demás dolientes no dijeron nada. Y allí quedó  el ripio de los papeles hasta que las ayudantes de limpieza- ojo, tener cuidado a cómo te referís  a estas pobres mujeres mal pagas- como indicadores indirectos del maltrato que sufrían los pobres pacientes.

    Para pasar por el pasillo del Laboratorio había como 3 Segurities que preguntaban hacia donde uno se dirigía, se conformaban con la palabra de destino sin comprobar si uno llevaba un coctel molotov escondido bajo las ropas y lo iba a hacer estallar dentro del Nosocomio.

  Hay tantas mujeres tras ventanillas, más otras que se encuentran detrás de ellas, que creo que sobrepasan al personal  médico y paramédico.

   Hay un exceso de burocratismo insano. Entran a trabajar por amiguismo o concurso. No sé.

  Los siquiatras parecen haber sido expulsados hacia la periferia como San Carlos y el Vigía. No tienen, algunos de los enfermos mentales, ni boletos  para el transporte. Alguno de las enfermedades leves psiquiátricas ya ameritan que los ingresen en el Vilardebó por lo mucho que sufren en esos viajes.

   Habia un psiquiatra de pelo canoso, sin peinarse y mirada extraviada, anciano, que ya debía estar tranquilamente jubilado y rumiando y recordando todas las pesadillas que les provocaba al dar tanto electroshock. Yo pensé que era un paciente escapado del Vilardebó, Pero seguía dando consulta y repitiendo medicamentos al pobre pueblo que más sufría. El pobre Doctor ya debían haberlo retirado. A los pacientes con síndrome de “temor moderado al mundo” escapaban corriendo del consultorio al ver al anciano hasta media cuadra donde caían ya curados del miedo, esa era la mejor terapia.

   Otro  Doctor  de Medicina Interna con edad de retiro a quien uno le explicaba una anamnesis correcta de su  padecimiento y él sin mirar la computadora decia  con voz agria ¿Qué medicamentos necesita? Y Uno quedaba paralizado ante esta respuesta.

  Las enfermeras parecen bien enseñadas y tratan con amor a los pacientes en curaciones y en emergencia, pero las doctoras parecen estudiantes malas practicantes de la carrera de medicina y no saben casi nada. Solo atender a los más traumatizados y que ante heridas grandes y mucha sangre, pierden el conocimiento.

   Las señoras de farmacia son amables al decirte que ciertos medicamentos de uso crónico e impresencidibles no se encuentran en existencia. Así que los diabéticos, epilépticos  y cancerosos se quedan por semanas hasta  que el laboratorio madre los provea y desaparecen   enseguida de farmacia ante la demanda del pueblo.

   Por eso te envían a la ventanilla No. 7 para que la chica te pregunte si opta por una cremación o un entierro normal. Y los ancianos, resignados se van a casa a esperar que Dios se los lleve si antes no llega el medicamento al hospital.

 Hay una mujer farmacéutica que parece que al maquillarse antes  de ir al trabajo come un pedazo de puerco fresco para que sus labios  estén  iridiscentes como Dios manda y es una de la más vieja en la Farmacia, trata a  los pacientes con la sequedad que se merecen esos ancianos que no pueden con su alma y sin un medicamento que está en falta.

  La de los labios sanguinolentos  a medida que estos se los va secando y se le quita el disfraz se pone de mal humor pues enseña su verdadera alma. Le tengo terror, porque temo que rompa el cristal y devore mi cara como un caníbal y así sus labios recuperen el color rojo intenso.

   Pero lo peor es el burocratismo que practican en las ventanillas de cristal donde envían a los ancianos desorientados de una a otra, haciendo a veces colas interminables. Para decirles que se equivocaron de ventanilla, que es la 2 o la 5 o la 10, y al fin los ancianos terminan golpeando la puerta del baño a ver si lo atienden o si hay alguien seminconsciente  lo trate correctamente.

   Sé que personal administrativo está mal pago y que eso se refleja en sus semblantes de mujeres frustradas. Debían agarrar otro trabajo porque en la Salud deben tener una sensibilidad especial para tratar a los pacientes, que no van por diversión, sino en busca de ayuda. Excepto cuando la acompañante del doliente va vestida de mujer adinerada entonces sus voces se dulcifican y atienden bien o dan una dulce explicación al familiar.

    Ya escribí un cuento sobre la Diabetóloga, que trata bien o mal, según su depresión está en alza  o baja o que su marido que le de mantenimiento de vez en cuando.

 Escribo un  cuento sobre ella, claro que sin su nombre, titulado “La Arpía con Bata Blanca”

   
  Tenemos que ayudar al Hospital de Maldonado a suplir sus carencias, sobre todo  respeto a la dignidad del paciente. No sé si el Director sabe de estas cosas o las sabe y no puede hacer nada,




  Y sobre todo, darle una paga digna a su numerosa burocracia y a sus amables enfermeras.  


DR ORLANDO VICENTE ALVAREZ

CUBANO URUGUAYO

GENIO

Tuesday, January 8, 2019

CRISIS IN MALDONADO HOSPITAL. URUGUAY





 CRISIS IN MALDONADO HOSPITAL. URUGUAY.

    Yesterday had dawned with a torrential rain, I thought that at that hour of the dawn there would be few patients in Hospital de Maldonado. But no, there were groups of mourners who waited in Emergency for the call through an almost mute speaker.

   I went to mourn the friendly Cardiologist who was doing the echocardiography and I explained that I was short of air when walking half a block and that I was Type II Diabetic. Without taking pity on me she sent me to take turns in emergency because she had to leave quickly for a wedding or birthday in the rain, the latest fashion in the middle class.

  I told her that I knew what I had and that in emergency - after waiting several hours- I lowered the blood glucose and they would give me some medicine for the heart that I already suspected in the pharmacy did not exist.

  First she sent me to one of the windows that was like the 17th or the 5th, each one of the girls sent you to the next, to tell you that if I did not have a General Medicine pass or the Diebetologist or the Cardiologist could not do nothing.

  I looked at the number of poorly paid bureaucrats - even those who were sheltered under the glass, to the right of the Hospital entrance and who gossiped amusingly without attending to any complaint.

  I went to the Laboratory and a young patient, arriving a little late for the rain, did not want to be attended. The woman in a fit of rage tore the indications of analysis in front of everyone. That was a scandal but the other mourners did not say anything. And there was the rubbish of the papers until the cleaning assistants-eye, be careful how you refer to these poor poor women-as indirect indicators of the mistreatment suffered by the poor patients.

   To pass through the hall of the Laboratory there were about 3 Segurities that asked where one was going, they were satisfied with the word of destiny without checking if one had a molotov cocktail hidden under the clothes and was going to explode inside the Nosocomium.

  There are so many women behind the windows, plus others who are behind them, which I think surpass the medical and paramedical staff.There is an excess of insane bureaucratism. They enter to work for cronyism or contest. I dont know.

  The psychiatrists seem to have been expelled to the periphery as San Carlos and Vigía. They do not have, some of the mentally ill, nor tickets for transportation. Some of the mild psychiatric illnesses already merit being admitted to the Vilardebó because of how much they suffer on those trips.

  There was a gray-haired psychiatrist, without combing his hair and looking lost, old man, who must have been quietly retired and ruminating and remembering all the nightmares that caused him to give so much electroshock to his patients. I thought he was a one escaped from Vilardebó, but I kept giving consultation and repeating medicines to the poor people who suffered the most. The poor Doctor must have already removed him. Patients with "moderate fear of the world" syndrome ran away from the doctor's office when they saw the old man half a block away where they were already cured of fear, that was the best therapy.

  Another Internal Medicine Doctor with retirement age to whom one explained a correct anamnesis of one condition He, without looking at the computer, said in a sour voice: What medications do you need? And One was paralyzed by this response.

  The nurses seem well taught and treat patients with love in healing and emergency, but the doctors look like bad students practicing medicine and know almost nothing. Only serve the most traumatized and that before big wounds and a lot of blood, they lose consciousness.

   The pharmacy ladies are kind to tell you that certain medications of chronic and impressible use are not in existence. So diabetics, epileptics and cancers stay for weeks until the mother laboratory provides them and they disappear immediately from the pharmacy at the request of the people.

  That's why they send you to window No. 7 for the girl to ask you if she chooses a cremation or a normal funeral. And the elderly, resigned, go home to wait for God to take them if the medicine does not arrive at the hospital before.

  There is a pharmaceutical woman who seems to put on makeup before going to work to eat a piece of fresh pork so that her lips are iridescent as God intended and she is one of the oldest in the Pharmacy, treats patients with the dryness they deserve, those old people who can not with their soul and without a medicine that is missing.

  The one with the bloody lips as they dry off and the disguise is removed puts her in a bad mood because she shows her true soul. I'm terrified of her, because I'm afraid she will break the crystal and devour my face like a cannibal so that her lips will recover the deep red color.

    But the worst thing is the bureaucracy that they practice in the glass windows where the old people are sent disoriented from one to the other, sometimes making endless queues. To tell them that they missed the window, which is 2 or 5 or 10, and finally the elderly end up banging on the bathroom door to see if someone attend it or if there is someone seminconsciente of constinpation to treat it correctly.

  I know that administrative staff is badly paid and that is reflected in their faces of frustrated women. They had to grab another job because in Health they must have a special sensitivity to treat patients, who do not go for fun, but in search of help. Except when the companion of the mourner is dressed as a wealthy woman, then their voices soften and attend well or give a sweet explanation to the family member.

  I have already written a story about the Diabetologist, which is good or bad, depending on whether her depression is rising or falling or that her husband is keeping her from time to time. I writing a story about her, of course without her name, entitled "The Harpy with White dress"

  We have to help Maldonado Hospital to make up for its shortcomings, especially respect for the patient's dignity. I do not know if the Director knows about these things or knows them and can not do anything, and above all, give a decent pay to its large bureaucracy and its friendly nurses.

Thursday, December 27, 2018

MALDONADO, URUGUAY: CRISIS EN HOSPITAL.





CRISIS EN HOSPITAL DE MALDONADO. URUGUAY.

 Ayer había amanecido con una lluvia torrencial, pensé que a esa hora de la madrugada habría pocos pacientes en Hospital de Maldonado. Pero no, existían grupos de dolientes que esperaban en Emergencia la llamada por un altavoz casi mudo.

   Fui a llorar a la amable Cardióloga que hacía le ecocardiografía y le expliqué que me faltaba el aire al caminar media cuadra y que era Diabético Tipo II. Sin apiadarse de mí me envió a sacar turno en emergencia pues ella tenía que salir  rápido a una boda o cumpleaños bajo la lluvia, última moda en la clase media.

  Le dije que yo sabía lo que tenía y que en emergencia- después de esperar varias horas, me bajaban la glicemia y me darían algún medicamento para el corazón que ya sospechaba que en farmacia no existía.

  Primero  me mandó a una de las ventanillas que era como la 17 o la 5, cada una de las muchachas  te enviaba a la siguiente, para decirte que si no tenía un pase de Medicina general o de la Diebetóloga o de la Cardióloga no podían hacer nada.

   Miré la  cantidad de burócratas mal pagadas- aun las que estaban resguardada bajo el cristal, a la derecha de la entrada del Hospital y que chismeaban divertidamente sin atender ninguna queja.

   Fui al Laboratorio y una paciente joven, por llegar algo tarde a su turno por la lluvia, no la quisieron atender. La mujer en un arranque de rabia desgarró las indicaciones  de los análisis delante de todo el mundo. Aquello era un escándalo pero los demás dolientes no dijeron nada. Y allí quedó  el ripio de los papeles hasta que las ayudantes de limpieza- ojo, tener cuidado a cómo te referís  a estas pobres mujeres mal pagas- como indicadores indirectos del maltrato que sufrían los pobres pacientes.

    Para pasar por el pasillo del Laboratorio había como 3 Segurities que preguntaban hacia donde uno se dirigía, se conformaban con la palabra de destino sin comprobar si uno llevaba un coctel molotov escondido bajo las ropas y lo iba a hacer estallar dentro del Nosocomio.

  Hay tantas mujeres tras ventanillas, más otras que se encuentran detrás de ellas, que creo que sobrepasan al personal  médico y paramédico.

   Hay un exceso de burocratismo insano. Entran a trabajar por amiguismo o concurso. No sé.

  Los siquiatras parecen haber sido expulsados hacia la periferia como San Carlos y el Vigía. No tienen, algunos de los enfermos mentales, ni boletos  para el transporte. Alguno de las enfermedades leves psiquiátricas ya ameritan que los ingresen en el Vilardebó por lo mucho que sufren en esos viajes.

   Habia un psiquiatra de pelo canoso, sin peinarse y mirada extraviada, anciano, que ya debía estar tranquilamente jubilado y rumiando y recordando todas las pesadillas que les provocaba al dar tanto electroshock. Yo pensé que era un paciente escapado del Vilardebó, Pero seguía dando consulta y repitiendo medicamentos al pobre pueblo que más sufría. El pobre Doctor ya debían haberlo retirado. A los pacientes con síndrome de “temor moderado al mundo” escapaban corriendo del consultorio al ver al anciano hasta media cuadra donde caían ya curados del miedo, esa era la mejor terapia.

   Otro  Doctor  de Medicina Interna con edad de retiro a quien uno le explicaba una anamnesis correcta de su  padecimiento y él sin mirar la computadora decia  con voz agria ¿Qué medicamentos necesita? Y Uno quedaba paralizado ante esta respuesta.

  Las enfermeras parecen bien enseñadas y tratan con amor a los pacientes en curaciones y en emergencia, pero las doctoras parecen estudiantes malas practicantes de la carrera de medicina y no saben casi nada. Solo atender a los más traumatizados y que ante heridas grandes y mucha sangre, pierden el conocimiento.

   Las señoras de farmacia son amables al decirte que ciertos medicamentos de uso crónico e impresencidibles no se encuentran en existencia. Así que los diabéticos, epilépticos  y cancerosos se quedan por semanas hasta  que el laboratorio madre los provea y desaparecen   enseguida de farmacia ante la demanda del pueblo.

   Por eso te envían a la ventanilla No. 7 para que la chica te pregunte si opta por una cremación o un entierro normal. Y los ancianos, resignados se van a casa a esperar que Dios se los lleve si antes no llega el medicamento al hospital.

 Hay una mujer farmacéutica que parece que al maquillarse antes  de ir al trabajo come un pedazo de puerco fresco para que sus labios  estén  iridiscentes como Dios manda y es una de la más vieja en la Farmacia, trata a  los pacientes con la sequedad que se merecen esos ancianos que no pueden con su alma y sin un medicamento que está en falta.

  La de los labios sanguinolentos  a medida que estos se los va secando y se le quita el disfraz se pone de mal humor pues enseña su verdadera alma. Le tengo terror, porque temo que rompa el cristal y devore mi cara como un caníbal y así sus labios recuperen el color rojo intenso.

   Pero lo peor es el burocratismo que practican en las ventanillas de cristal donde envían a los ancianos desorientados de una a otra, haciendo a veces colas interminables. Para decirles que se equivocaron de ventanilla, que es la 2 o la 5 o la 10, y al fin los ancianos terminan golpeando la puerta del baño a ver si lo atienden o si hay alguien seminconsciente  lo trate correctamente.

   Sé que personal administrativo está mal pago y que eso se refleja en sus semblantes de mujeres frustradas. Debían agarrar otro trabajo porque en la Salud deben tener una sensibilidad especial para tratar a los pacientes, que no van por diversión, sino en busca de ayuda. Excepto cuando la acompañante del doliente va vestida de mujer adinerada entonces sus voces se dulcifican y atienden bien o dan una dulce explicación al familiar.

    Ya escribí un cuento sobre la Diabetóloga, que trata bien o mal, según su depresión está en alza  o baja o que su marido que le de mantenimiento de vez en cuando.
 Escribo un  cuento sobre ella, claro que sin su nombre, titulado “La Arpía con Bata Blanca”

   
  Tenemos que ayudar al Hospital de Maldonado a suplir sus carencias, sobre todo  respeto a la dignidad del paciente. No sé si el Director sabe de estas cosas o las sabe y no puede hacer nada,


  Y sobre todo, darle una paga digna a su numerosa burocracia y a sus amables enfermeras.