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Friday, February 22, 2019

ENTREVISTA A UNA SOLTERONA



        ENTREVISTA A UNA SOLTERONA.

Cuando yo era un joven periodista recién recibido ansiaba encontrar el Gran Reportaje que me sacara del anonimato del recién graduado a quién nadie da importancia.

  Pregunte a un Doctor especializado en psiquiatría y él me habló de una paciente muy especial.

   Escribí la dirección en mi libreta de notas y decidí, a la suerte, encontrarme con una bella mujer que subestimaba su encanto a pesar de que cada tarde se colocaba en la ventana del segundo piso donde vivía a esperar algún hombre que la descubriera y la sedujera. Pero nada, a pesar de las numerosas cirugías plásticas que se había practicado en el rostro nada cambiaba.

  Los hombres que pasaban en auto- y esos eran su principal objetivo- le gritaban: “Mona Lisa” o “Tabla de Planchar” y algunos, más osados se atrevían a llamarla “Leonarda da Vincha” y ella no sabía el por qué.

   La entrevisté y comenzó a contarme su desdicha y que temía quedarse solterona. Y lloró y lloró, como si en cada lágrima se escurriera una culpa del pasado.

  La interrumpí al respecto y me dijo que nunca había tenido novio o amante, que no sabía nada del sexo y que se iría a la tumba virgen como su finada tía Alberta.

   Vi que con tan poca información no podía hacer un reportaje ni aun un cuento dramático. El tiempo pasó.

  Una tarde pase por su residencia y en vez de ver su silueta otee un par de zapatos de tacones altos y amplias plataformas en unas piernas que colgaban del borde inferior de la ventana. Me decidí a subir y a Fernanda-su nombre profesional- le había cambiado la vida.

  Había acudido a un brujo de la Umbanda quien le recomendó que no mostrara su rostro sino unos sensuales zapatos. Y así hizo. Al punto que los hombres hacían colas para ver la poseedora de aquellos zapatos tan sexuales más las adorables piernas. Tan calientes estaban que no se espantaban de su peculiar rostro.

  Fernanda hizo mucho dinero. Se compró una casa en un barrio residencial y auto con chofer. Tenía una clientela fija de hombres ricos que gustaban de lamerle los zapatos. La ex solterona se compró una colección de tacos de altas puntillas para todos los gustos.

  Y no tuvo que asomarse más a la ventana para que le gritaran “Mona Lisa” y así fue feliz.

  Moraleja: un par de tacos en la posición correcta pueden cambiar el destino de  muchas mujeres solteras o viudas.


                  Dr         Orlando Vicente Alvarez   
cubano uruguayo,genio  

Thursday, December 27, 2018

MALDONADO, URUGUAY: CRISIS EN HOSPITAL.





CRISIS EN HOSPITAL DE MALDONADO. URUGUAY.

 Ayer había amanecido con una lluvia torrencial, pensé que a esa hora de la madrugada habría pocos pacientes en Hospital de Maldonado. Pero no, existían grupos de dolientes que esperaban en Emergencia la llamada por un altavoz casi mudo.

   Fui a llorar a la amable Cardióloga que hacía le ecocardiografía y le expliqué que me faltaba el aire al caminar media cuadra y que era Diabético Tipo II. Sin apiadarse de mí me envió a sacar turno en emergencia pues ella tenía que salir  rápido a una boda o cumpleaños bajo la lluvia, última moda en la clase media.

  Le dije que yo sabía lo que tenía y que en emergencia- después de esperar varias horas, me bajaban la glicemia y me darían algún medicamento para el corazón que ya sospechaba que en farmacia no existía.

  Primero  me mandó a una de las ventanillas que era como la 17 o la 5, cada una de las muchachas  te enviaba a la siguiente, para decirte que si no tenía un pase de Medicina general o de la Diebetóloga o de la Cardióloga no podían hacer nada.

   Miré la  cantidad de burócratas mal pagadas- aun las que estaban resguardada bajo el cristal, a la derecha de la entrada del Hospital y que chismeaban divertidamente sin atender ninguna queja.

   Fui al Laboratorio y una paciente joven, por llegar algo tarde a su turno por la lluvia, no la quisieron atender. La mujer en un arranque de rabia desgarró las indicaciones  de los análisis delante de todo el mundo. Aquello era un escándalo pero los demás dolientes no dijeron nada. Y allí quedó  el ripio de los papeles hasta que las ayudantes de limpieza- ojo, tener cuidado a cómo te referís  a estas pobres mujeres mal pagas- como indicadores indirectos del maltrato que sufrían los pobres pacientes.

    Para pasar por el pasillo del Laboratorio había como 3 Segurities que preguntaban hacia donde uno se dirigía, se conformaban con la palabra de destino sin comprobar si uno llevaba un coctel molotov escondido bajo las ropas y lo iba a hacer estallar dentro del Nosocomio.

  Hay tantas mujeres tras ventanillas, más otras que se encuentran detrás de ellas, que creo que sobrepasan al personal  médico y paramédico.

   Hay un exceso de burocratismo insano. Entran a trabajar por amiguismo o concurso. No sé.

  Los siquiatras parecen haber sido expulsados hacia la periferia como San Carlos y el Vigía. No tienen, algunos de los enfermos mentales, ni boletos  para el transporte. Alguno de las enfermedades leves psiquiátricas ya ameritan que los ingresen en el Vilardebó por lo mucho que sufren en esos viajes.

   Habia un psiquiatra de pelo canoso, sin peinarse y mirada extraviada, anciano, que ya debía estar tranquilamente jubilado y rumiando y recordando todas las pesadillas que les provocaba al dar tanto electroshock. Yo pensé que era un paciente escapado del Vilardebó, Pero seguía dando consulta y repitiendo medicamentos al pobre pueblo que más sufría. El pobre Doctor ya debían haberlo retirado. A los pacientes con síndrome de “temor moderado al mundo” escapaban corriendo del consultorio al ver al anciano hasta media cuadra donde caían ya curados del miedo, esa era la mejor terapia.

   Otro  Doctor  de Medicina Interna con edad de retiro a quien uno le explicaba una anamnesis correcta de su  padecimiento y él sin mirar la computadora decia  con voz agria ¿Qué medicamentos necesita? Y Uno quedaba paralizado ante esta respuesta.

  Las enfermeras parecen bien enseñadas y tratan con amor a los pacientes en curaciones y en emergencia, pero las doctoras parecen estudiantes malas practicantes de la carrera de medicina y no saben casi nada. Solo atender a los más traumatizados y que ante heridas grandes y mucha sangre, pierden el conocimiento.

   Las señoras de farmacia son amables al decirte que ciertos medicamentos de uso crónico e impresencidibles no se encuentran en existencia. Así que los diabéticos, epilépticos  y cancerosos se quedan por semanas hasta  que el laboratorio madre los provea y desaparecen   enseguida de farmacia ante la demanda del pueblo.

   Por eso te envían a la ventanilla No. 7 para que la chica te pregunte si opta por una cremación o un entierro normal. Y los ancianos, resignados se van a casa a esperar que Dios se los lleve si antes no llega el medicamento al hospital.

 Hay una mujer farmacéutica que parece que al maquillarse antes  de ir al trabajo come un pedazo de puerco fresco para que sus labios  estén  iridiscentes como Dios manda y es una de la más vieja en la Farmacia, trata a  los pacientes con la sequedad que se merecen esos ancianos que no pueden con su alma y sin un medicamento que está en falta.

  La de los labios sanguinolentos  a medida que estos se los va secando y se le quita el disfraz se pone de mal humor pues enseña su verdadera alma. Le tengo terror, porque temo que rompa el cristal y devore mi cara como un caníbal y así sus labios recuperen el color rojo intenso.

   Pero lo peor es el burocratismo que practican en las ventanillas de cristal donde envían a los ancianos desorientados de una a otra, haciendo a veces colas interminables. Para decirles que se equivocaron de ventanilla, que es la 2 o la 5 o la 10, y al fin los ancianos terminan golpeando la puerta del baño a ver si lo atienden o si hay alguien seminconsciente  lo trate correctamente.

   Sé que personal administrativo está mal pago y que eso se refleja en sus semblantes de mujeres frustradas. Debían agarrar otro trabajo porque en la Salud deben tener una sensibilidad especial para tratar a los pacientes, que no van por diversión, sino en busca de ayuda. Excepto cuando la acompañante del doliente va vestida de mujer adinerada entonces sus voces se dulcifican y atienden bien o dan una dulce explicación al familiar.

    Ya escribí un cuento sobre la Diabetóloga, que trata bien o mal, según su depresión está en alza  o baja o que su marido que le de mantenimiento de vez en cuando.
 Escribo un  cuento sobre ella, claro que sin su nombre, titulado “La Arpía con Bata Blanca”

   
  Tenemos que ayudar al Hospital de Maldonado a suplir sus carencias, sobre todo  respeto a la dignidad del paciente. No sé si el Director sabe de estas cosas o las sabe y no puede hacer nada,


  Y sobre todo, darle una paga digna a su numerosa burocracia y a sus amables enfermeras.