TRANSLATE

Friday, May 14, 2021

MI MAMA Y CHIQUI.RELATO URUGUAYO.ORLANDO VICENTE

 

CUANDO SENTI EL AMOR DE VERDAD WHEN I TRULY FEEL LOVEDespués la trajimos a Punta del este. Nos fuimos a la Playa La Mansa. Mamá Gloria con una bata de toalla y la Chiqui guiándola hacia el agua- mamá solo decia que estaba ciega cuando requería un mimo o una atención especial, así que todo el tiempo que estuvo en la playa la Chiqui la cuidaba dentro del agua, guiaba sus pasos y Gloria hinchada de placer Then we brought her to Punta del este. We went to La Mansa Beach. Mama Gloria with a toweling robe and the Chiqui guiding her towards the water- Mama only said that she was blind when she required a mime or special attention, so all the time she was on the beach the Chiqui took care of her in the water, she guided her steps and glory swollen with pleasure




TWO MOTHER,DOS MADRES.

BILINGUE


WHEN I TRULY FEEL LOVE

Then we brought her to Punta del este. We went to La Mansa Beach. Mama Gloria with a toweling robe and the Chiqui guiding her towards the water- Mama only said that she was blind when she required a mime or special attention, so all the time she was on the beach the Chiqui took care of her in the water, she guided her steps and glory swollen with pleasure






LA CHIQUI: UNA URUGUAYA EXTRAORDINARIA.

     Yo conocí a la Chiqui cuando  vivía sola en una quinta no lejos de Montevideo. Es la madre de mi cuñada-italiana A… ya casada con mi hermano W… en Punta del Este. Me invitaron a su cumpleaños.
     La quinta era extensa y había mucho terreno de cultivo  y una gran casa de 4 habitaciones con dos baños donde la Chiqui vivía  sola con sus preciosos muebles antiguos, vitrinas repletas de copas de todos colores y para diferentes bebidas y un gran hogar-chimenea-de mármol  donde cabían como tres hombres y que ella prendía con leña cuando hacía mucho frio.
  También en la finca había otra cosa, un poco apartada, que alquilaba a unos ancianos muy silenciosos y que no se metían en su vida.
  La Chiqui heredó todo el terreno de sus padres y ya siendo muy joven se casó con un  emigrante de Italia, muy masculino y serio pero dulce con los hijos que tuvieron. Cuando ella habla del marido dice “el finado” y lo amoroso que  era.
  Entre ambos plantaron viñedos construyeron pequeñas piezas donde almacenaban el vino. Había un pozo conectado a un manantial de donde sacaban el agua para consumo personal y para regar todo tipo de cultivos que crecían fuertemente en aquella tierra fértil. No tenían que ir al mercado a comprar vegetales. Todos se los daba la tierra y el  mutuo trabajo, mientras los tres hijos iban a la escuela.
  Cuando los niños venían de la escuela ella los obligaba a quitarse los zapatos a la entrada y colocarse algún tipo de chancleta para que no ensuciaran el lindo piso. Así de obsesiva era con la limpieza la Chiqui.
  Así vivieron como felices en aquellos tiempos donde la familia lo era todo.
  El marido murió aún joven de un  infarto. La Chiqui, después de llorarlo, se dedicó con más ahínco al cultivo de la tierra, vendía huevos de un gran gallinero que tenía próximo  a la estancia de vinos. No contenta con ello se dedicó a dar clases de costura-en aquel tiempo no había como ahora todo tipo de ropa de fábrica- enseñando como diseñar trajes de novia y de quinceañeras.
  Cuando mi madre y mi hermano vinieron los llevamos donde la Chiqui. Era ya una persona mayor de 82 años pero erguida y trabajadora como si fuera joven aun.
  Allí fue donde conocí a M…, una matrona un poco obesa y cincuentona que hablaba sin parar con voz de leona enfurecida mientras no soltaba el cigarrillo de la mano. Una incontinencia verbal, típica de los uruguayos mayores. Se hablaba de cualquier cosa,  menos de futbol y política sino podían rodear cabezas y sangre por todos lados.
  El banquete, como decirlo, una mezcla de platos italianos y uruguayos y verduras, tomates, ajís aderezados con una salsa  que solo la Chiqui conocía el secreto, endiabladamente deliciosa. Y un Mata hambre-carne en churrasco con huevos duros y asados con leche, entre dos planchas de madera atadas con una cuerda para sacar  todos los jugos. Algo solo permitido a los Dioses. Y la tarta, de fresa, albaricoque, durazno y mucho merengue que fue el plato que completo el menú. Todo hecho días antes solo por la Chiqui.
   Después la trajimos a Punta del este. Nos fuimos a la Playa La Mansa. Mamá Gloria con una bata de toalla y la Chiqui guiándola hacia el agua- mamá solo decia que estaba ciega cuando  requería un mimo o una atención especial, así que todo el tiempo que estuvo  en la playa la Chiqui la cuidaba dentro del agua, guiaba sus pasos y Gloria hinchada de placer.
    Pasaron los años y la Chiqui tenía problemas de hipertensión y principio de Glaucoma. Así que la hija consiguió un comprador para la finca y alquiló un espacioso apartamento en Maldonado, donde estaría más cerca de su hija, mi hermano y de mí.
  Yo la visito cada semana y a pesar que le digo que no me prepare almuerzo, ella hace una “meriendita” gigante con remolachas y champiñones y le saca el  dulce de la remolacha con una forma de lavado en agua tibia y después fría y después caliente y así sucesivamente… y yo la engullo como un manjar exótico, después una tarta de espinaca, sin harina-¿Cómo puede hacer eso? Que es una delicia.
  Y nadie habla de enfermedades ni de muerte. Es una viuda de mucha fe, aunque sin rosario pero si oraciones al levantarse y acostarse. Y adora los chorizos rojos como mi madre gloria.
  Le dicen Chiqui porque mide 1:50 de estatura. Pero es pura dulzura y me da mucha felicidad.
  Un corazoncito andante.

   Chiqui que vivas muchos  años más


                            Dr  Orlando Vicente Álvarez.   
cubano uruguayo.genio        

THURSDAY, MAY 13, 2021

URUGUAY THE CHIQUI: AN EXTRAORDINARY URUGUAYAN.BY ORLANDO VICENTE

 

THE CHIQUI: AN EXTRAORDINARY URUGUAYAN





THE CHIQUI: AN EXTRAORDINARY URUGUAYAN.

   I met La Chiqui when she lived alone in a villa not far from Montevideo. She is the mother of my sister-in-law A ... already married to my brother W ... in Punta del Este. They invited me to her birthday.
  The villa was extensive and there was a lot of cultivation land and a large house with 4 rooms with two bathrooms where the Chiqui lived alone with its precious antique furniture, cabinets full of glasses of all colors and for different drinks and a large fireplace-fireplace marble where they fit like three men and that she lit with wood when it was very cold.
  Also on the farm there was something else, a little apart, which she rented to some very silent elderly people who did not get involved in her life.
   La Chiqui inherited all the land from her parents and, being very young, she married an emigrant from Italy, very masculine and serious but sweet with the children they had. When she talks about the husband she says "the deceased" and how loving he was.
   Between the two they planted vineyards they built small pieces where they stored the wine. There was a well connected to a spring from which they drew water for personal consumption and to irrigate all kinds of crops that grew strongly in that fertile land. They did not have to go to the market to buy vegetables.
    Everyone works the land and the mutual work, while the three children went to school.
    When the children came from school she forced them to take off their shoes at the entrance and put on some kind of flip flops so they would not dirty the nice floor. That was how obsessive the Chiqui was with cleaning.
   Thus they lived as happy in those times where the family was everything.The husband died still young of a heart attack. La Chiqui, after mourning him, devoted herself more zealously to the cultivation of the land, selling eggs from a large chicken coop that was next to the wine cellar. Not content with that, she dedicated herself to giving sewing classes-at that time there was not as now all kinds of factory clothes-teaching how to design bridal and dress of 15 years
  .When my mother and my brother came we took them to the Chiqui. She was already a person over 82 years old but erect and hardworking as if he were still young.
  That's where I met M ..., a slightly overweight and fiftyish matron who talked non-stop with the voice of an angry lioness while not releasing the cigarette from her hand. A verbal incontinence, typical of the elderly Uruguayans. They talked about anything, except soccer and politics, because it could cut some heads and blood everywhere
  .The banquet, as it were, a mixture of Italian and Uruguayan dishes and vegetables, tomatoes, ajís seasoned with a sauce that only the Chiqui knew the secret, devilishly delicious. And a hungry Mata-hambre-hungry kill- in churrasco with boiled eggs and roasted with milk, between two wooden plates tied with a rope to remove all the juices. Something only allowed to the Gods. And the cake, strawberry, apricot, peach and a lot of meringue that was the dish that completed the menu. All done days beforey by the Chiqui.
  Then we brought her to Punta del Este. We went to the Playa La Mansa. Mama Gloria with a towel robe and Chiqui guiding her towards the water - Mama only said she was blind when she needed a special care or attention, so all the time she was on the beach the Chiqui took care of her in the water, guided her steps and Gloria swollen with pleasure.
   Years passed and the Chiqui had problems of Hypertension and the beginning of Glaucoma. So the daughter got a buyer for the farm and rented a spacious apartment in Maldonado, where she would be closer to her daughter, my brother and me.
   I visit her every week and even though I tell her not to prepare lunch for me, she makes a giant "meriendita" with beets and mushrooms and takes the sweet out of the beet with a way of washing in warm water and then cold and then hot and so on ... and I gobble it up like an exotic delicacy, then a spinach pie, no flour-how can you do that? What a delight. And nobody talks about diseases or death.
   She is a widow of great faith, although without a rosary but with prayers when getting up and going to bed. And she loves red chorizos like my mother Gloria.
   They call him Chiqui because she's 1:50 in height.
   But it's pure sweetness and it gives me a lot of happiness.
  A walking little heart.
  Chiqui that you live many more years.
                                                     Orlando Vicente Álvarez.

MONDAY, NOVEMBER 19, 2018

GUANTÁNAMO: MAMÁ GLORIA.MI HEROINA

GUANTÁNAMO: MAMÁ GLORIA. MI HEROÍNA.




   Yo tenía la prohibición de Cuba de no visitar a mis familiares por  17 años.
  Llamaba a Mamá Gloria por teléfono  cada mes.
  -¿Cómo te sientes mamá?
  - Barbara, hijo. Y a ti. ¿Cómo te va?
  - Macanudo, extrañándolos mucho…
   - Ay hijo. Aquí no hay café, ni aceite, ni pan fresco, ni harina. Castro nos ha quitado todo.
    Decia con humor. Y yo advertía:
   -¡Mamá! Que seguridad del estado te puede oír!…
  - Ya yo estoy vieja para temerle a esa partida de chivatos…. Ahora están  vendiéndonos unos chicharos de color  rojo… Dicen que los cultivan a escondidas en las tierras rojas de Baracoa.
   -Está bien Mamá.  Pero… ¿Qué hay de nuevo?
   - Bueno. Tú sabes que mi único padecimiento es que estoy ciega… Se murió tu prima M…. de  cáncer intestinal y tu otra prima Fe… de cáncer del pulmón por fumar como una cafetera. Pero la vida sigue, hijo, todos vamos al hueco tarde o temprano.  Yo le hablo a Dios directamente ya no confío ni en los curas. A veces le doy un escándalo en silencio o le pido perdón, eso de acuerdo al mal o bien que nos rodea.
  Mamá había sufrido la pérdida de dos hijos ya grandes y de mi padre. Los lloraba a veces pero decía que era la voluntad del altísimo y seguía con su buen humor y alegría.
     Entre mi hermano y yo la trajimos al Uruguay con mi hermano más chico que había quedado en Cuba. Gran emoción verlos sentí después de tantos años.
  -Vamos. Nada de llantos. Aquí estoy entera y feliz de verlos.
  Los hospedamos en la casa de mi hermano y mi cuñada uruguaya frente a la playa con el frescor del mar y el sol aun picante de los primeros días de otoño.
  Mi hermanito me dijo:
  -Ella dice que no ve nada, que está  ciega, pero despidió a la mujer que la cuidaba y ella misma limpiaba la acera con la escoba y veía la novela de las 8 pm en Cuba.
   La familia la observaba y le decía:
  - Abuela, pero usted algo ve.
  - Sí. Pero veo todo como entre una nube.
   -Entonces, ¿Cómo ve el polvo del corredor?
  - No pregunta. No más pregunta. Y la novela no la veo… La oigo.
  La primera vez que la llevamos a un gran supermercado dijo:
   -¡Pero que bodega más grande! ¿No se pierden entre tantos estantes? ¿Aquí hay guías?
   Le mostramos todo el shopping paseando entre las góndolas repletas de artículos y alimentos.
  - ¡Ave María Purísima! Pero cuántas cosas que no necesitan. Yo con un pedazo de carne, un plato de frijoles con arroz me conformo. Ahh. ¿Esos son chorizos?
   -SÍ, mamá, de todos los gustos y tamaños- le dijo mi hermano.
   -Pues de esos me compran... que Castro los eliminó y mi familia gallega y mi difunta madre los preparaba en el patio de la casa al borde del río Guaso y yo me acostumbré a comerlos, tengo antojo de chorizos.
     Yo le había comprado en Montevideo tres vestidos de lujo para que los llevara a Cuba. Los examinó, los estrujó entre sus dedos para apreciar su textura y me dijo:
  -¿Esta es la vestimenta que se ponen las mujeres maduras aquí?
  -Sí. Mamá. Y hay uno de seda pura.
  - ¿Cuál, el de color vino?
  - Sí- le dije.
  - Pues yo no me voy a poner eso en Cuba. Para mí,  batas blancas sencillas para andar en casa y vestidos  de  muchos colores para ir a los velorios. Esto se los regalaré a mi hermana que es más joven y siempre ha sido más audaz que yo.
Y continuó:
  -Ropa así me ponía para salir con tu padre a bailar al  Casino Español que Castro después convirtió en una casa de Cultura. Una porquería. Además, mi  difunto marido me colocaba una flor en el hombro izquierdo para demostrarme su amor.
  -Mamá. Aun no eres tan anciana. ¿Por qué no te echas un novio?
  - No hijo. Yo fui muy feliz con tu padre y seguí lo que me enseñaba la Iglesia Católica. “Un hombre para toda la vida” Le di 5 hijos pero él se fue antes que yo. Se me acercan algunos pretendientes, viejos sin dinero y sin casas, pero yo los espanto a todos. Tu padre fue mi primer amor, el único y así moriré.

  Me recuerdo de mi abuela  paterna “Presentación” viuda de un rico mercader y usurero. Mi abuela cultivaba su gran jardín en la mansión que vivía en el Reparto Dabul. Usaba un lindo sombrero de pajas adornado con flores, la única concesión que le daba el ser mujer. Era seria y casi no reía. Nos preparaba unas vainillas cada domingo cuando la visitábamos con mis padres en la camioneta.
  Cultivó una rosa Dalia que era su orgullo. Mi madre se tiró una foto junto a la flor que aún conserva entre sus archivos fotográficos. Mi abuela Presenta como les decíamos,  tenía un revolver guardado para espantar a los ladrones o intrusos ya que en aquellos tiempos el barrio Dabul estaba un poco lejos de la ciudad.
   Una tarde, siendo yo  médico y teniendo ya mi abuela como 86 años se sintió mal del abdomen y la llevé en mi auto al hospital ya casi inconsciente.
  El cirujano era de mi entera confianza y amigo mio. Mientras le hacía una maniobra que no deseo describir, mi abuela seminconciente empezó a gritar “Cojones, Cojones” Le salió todo lo de gallega que conservaba de su juventud, Murió tranquilamente esa noche y sus últimas palabras fueron  “Cojones, Cojones”. Pobre abuela mia. Murió como un jiquí, dura y seria como siempre había sido.   

  Días después una prima gallega de mi madre le hizo un almuerzo en su honor en el hotel del cual era dueña.
  La mesa estaba repleta de manjares suculentos. Mamá sin pedir permiso agarró un cuarto de pollo asado y se lo comió con las manos sin ceremonia alguna. Después se sirvió un plato de cerdo asado con verduras.  Se la estaba desquitando del pasado en que la dictadura la había privado de aquellos alimentos.
   Yo solo comí cerdo asado y algunas vegetales pues ya se había descubierto mi diabetes y estaba con tratamiento con hipoglucemiantes orales. No le había dicho nada a mamá.
  La repostera del hotel había hecho una tarta de durazno o melocotones y mucho merengue. Yo no pude resistir la tentación y comí un buen pedazo. De repente me dio deseos urgentes de ir al baño. En el camino me encontré a la repostera que tenía glaucoma, un ojo saltón y que miraba hacia otro lado en contraposición con el otro ojo aparentemente sano. También mi hermanito que iba para el baño.
  Entonces sucedió lo inesperado, un rotundo gas retumbó en el espacio y yo salí corriendo hacia el inodoro.
   Más tarde mi hermanito, que había presenciado mi situación junto a la pastelera me dijo:
   - ¡Compay te lánzate un gas que a la mujer se le enderezó el ojo y se le metió pa’ dentro!
  Yo me reí de sus palabras. Fue una de los chistes que después comentábamos en familia y todos nos reíamos, sobre todo mi madre.
    Esa noche mi madre la despertó un cólico intestinal de la hartura que se había dado en el almuerzo del hotel.
    Yo la examiné.
    -Es una ingesta mamá. Comiste demasiado. Tus  enzimas para digerir tanta comida inusual se han dormido. Ve ahora al baño y evacua.
  Así lo hizo mi querida vieja y después, aliviada, se durmió junto a mi hermanito como una niña.
     Mamá no le gustaban los cartuchos envasados o en blister de café que les comprábamos:
  -Esto no es café, muy refinado y glaseado. A mí me gusta el café en grano que en Cuba yo tostaba en un caldero con azúcar prieta. Ese sí era café del bueno. No este sintético, sea colombiano o brasileño. Nada como una tacita de  café cubano.   
  Después de dos meses de estancia en casa de mi hermano y escuchando bajo una sombrilla de la terraza canciones de Celia Cruz y Marco Antonio Solís mi madre le entró la añoranza de su casa en Cuba y dijo que quería irse.
  Mi hermanito que hacia como un año había abierto una pizzería al lado de casa estaba también preocupado por cómo estaba el negocio.
  Y al se fueron.
  Cuando la llamé días después por teléfono me dijo con humor:
  - No hay café, ni aceite, ni arroz solo chícharo de Baracoa.
  Y no la volví a ver hasta que después de 17 años me permitieron visitar a mi familia.

WEDNESDAY, DECEMBER 5, 2018

LA CHIQUI: UNA URUGUAYA EXTRAORDINARIA















LA CHIQUI: UNA URUGUAYA EXTRAORDINARIA.

     Yo conocí a la Chiqui cuando  vivía sola en una quinta no lejos de Montevideo. Es la madre de mi cuñada-italiana A… ya casada con mi hermano W… en Punta del Este. Me invitaron a su cumpleaños.
     La quinta era extensa y había mucho terreno de cultivo  y una gran casa de 4 habitaciones con dos baños donde la Chiqui vivía  sola con sus preciosos muebles antiguos, vitrinas repletas de copas de todos colores y para diferentes bebidas y un gran hogar-chimenea-de mármol  donde cabían como tres hombres y que ella prendía con leña cuando hacía mucho frio.
  También en la finca había otra cosa, un poco apartada, que alquilaba a unos ancianos muy silenciosos y que no se metían en su vida.
  La Chiqui heredó todo el terreno de sus padres y ya siendo muy joven se casó con un  emigrante de Italia, muy masculino y serio pero dulce con los hijos que tuvieron. Cuando ella habla del marido dice “el finado” y lo amoroso que  era.
  Entre ambos plantaron viñedos construyeron pequeñas piezas donde almacenaban el vino. Había un pozo conectado a un manantial de donde sacaban el agua para consumo personal y para regar todo tipo de cultivos que crecían fuertemente en aquella tierra fértil. No tenían que ir al mercado a comprar vegetales. Todos se los daba la tierra y el  mutuo trabajo, mientras los tres hijos iban a la escuela.
  Cuando los niños venían de la escuela ella los obligaba a quitarse los zapatos a la entrada y colocarse algún tipo de chancleta para que no ensuciaran el lindo piso. Así de obsesiva era con la limpieza la Chiqui.
  Así vivieron como felices en aquellos tiempos donde la familia lo era todo.
  El marido murió aún joven de un  infarto. La Chiqui, después de llorarlo, se dedicó con más ahínco al cultivo de la tierra, vendía huevos de un gran gallinero que tenía próximo  a la estancia de vinos. No contenta con ello se dedicó a dar clases de costura-en aquel tiempo no había como ahora todo tipo de ropa de fábrica- enseñando como diseñar trajes de novia y de quinceañeras.
  Cuando mi madre y mi hermano vinieron los llevamos donde la Chiqui. Era ya una persona mayor de 82 años pero erguida y trabajadora como si fuera joven aun.
  Allí fue donde conocí a M…, una matrona un poco obesa y cincuentona que hablaba sin parar con voz de leona enfurecida mientras no soltaba el cigarrillo de la mano. Una incontinencia verbal, típica de los uruguayos mayores. Se hablaba de cualquier cosa,  menos de futbol y política sino podían rodear cabezas y sangre por todos lados.
  El banquete, como decirlo, una mezcla de platos italianos y uruguayos y verduras, tomates, ajís aderezados con una salsa  que solo la Chiqui conocía el secreto, endiabladamente deliciosa. Y un Mata hambre-carne en churrasco con huevos duros y asados con leche, entre dos planchas de madera atadas con una cuerda para sacar  todos los jugos. Algo solo permitido a los Dioses. Y la tarta, de fresa, albaricoque, durazno y mucho merengue que fue el plato que completo el menú. Todo hecho días antes solo por la Chiqui.
   Después la trajimos a Punta del este. Nos fuimos a la Playa La Mansa. Mamá Gloria con una bata de toalla y la Chiqui guiándola hacia el agua- mamá solo decia que estaba ciega cuando  requería un mimo o una atención especial, así que todo el tiempo que estuvo  en la playa la Chiqui la cuidaba dentro del agua, guiaba sus pasos y Gloria hinchada de placer.
    Pasaron los años y la Chiqui tenía problemas de Hipertensión y principio de Glaucoma. Así que la hija consiguió un comprador para la finca y alquiló un espacioso apartamento en Maldonado, donde estaría más cerca de su hija, mi hermano y de mí.
  Yo la visito cada semana y a pesar que le digo que no me prepare almuerzo, ella hace una “meriendita” gigante con remolachas y champiñones y le saca el  dulce de la remolacha con una forma de lavado en agua tibia y después fría y después caliente y así sucesivamente… y yo la engullo como un manjar exótico, después una tarta de espinaca, sin harina-¿Cómo puede hacer eso? Que es una delicia.
  Y nadie habla de enfermedades ni de muerte. Es una viuda de mucha fe, aunque sin rosario pero si oraciones al levantarse y acostarse. Y adora los chorizos rojos como mi madre gloria.
  Le dicen Chiqui porque mide 1:50 de estatura. Pero es pura dulzura y me da mucha felicidad.
  Un corazoncito andante.

   Chiqui que vivas muchos  años más


                            Dr  Orlando Vicente Álvarez.   
cubano uruguayo.genio        

No comments:

Post a Comment