Estaba aquí y me decía: aunque no creyese en la vida, aunque perdiese la fe en la mujer amada y en el orden de las cosas, aunque llegase al convencimiento de que, al contrario todo puede ser un caos desordenado, maldito y, acaso, diabólico, aunque cayesen sobre mí todos los horrores de la desilusión humana, a pesar de todo, querría vivir y llevaría a mis labios está copa para no separarlos de ella, ¡hasta apurarla! Por lo demás, seguramente a los treintena años arrojaré la copa, aún no la haya apurado, y me iré... no sé a dónde. Pero hasta los treintena, estoy seguro, mi juventud lo vencerá todo, cualquier desilusión, cualquier repulsión hacia la vida. Me he preguntado muchas veces si en el mundo hay una desesperación capaz de vencer en mí está sed frenética y hasta indecorosa de vivir, y he llegado a la conclusión de que no la hay, hasta los treintena años, se entiende, y luego como yo quiera. Eso es lo que a mí me parece. Algunos tísicos y moralistas de tres al cuarto califican esta sed de vivir de vil, sobre todo los poetas. Cierto que se trata, en parte, de un rasgo karamazoviano, también en ti hay, más¿Por qué es vil? En nuestro planeta la fuerza centrípeta es aún terriblemente fuerte, Aliosha. Uno siente deseos de vivir, y yo vivo aunque sea contra la lógica. Puedo no creer en el orden de las cosas, pero me son queridas las pegajosas hojas que se habren en primavera, me es querido el cielo azul, me es querida alguna persona, a la que a veces, puedes creerlo, uno no sabe por qué la quiere, me es querida alguna empresa humana en la que acaso hace ya mucho que he dejado de creer y que, sin embargo, fiel a la vieja moria, sigo honrando en mi corazón. Pero aquí tienes la sopa de pescado, qué te aproveche. Aquí la hacen muy bien. Quiero recorrer europa, saldré desde aquí directamente; sé que no voy a ir mas que a un cementerio., Pero es el cementerio más querido. Allí hay difuntos queridos, cada lápida nos habla de una vida ardiente que se fue, de la fe apasionada en su empresa, en su verdad, en su lucha y su ciencia; de antemano lo sé; yo caeré en tierra, besaré esas piedras y lloraré sobre ellas, aunque al mismo tiempo, esté convencido de que todo eso no es más que un cementerio y ninguna otra cosa. Mi llanto no será de desesperación, sino, simplemente, de la felicidad que mis lágrimas me causen. Me embriagaré en mi propio enternecimiento. ¡Lo que amo son las hojillas pegadas de la primavera, el cielo azul! Eso no tiene nada que ver con la inteligencia, con la lógica, uno ama con las entrañas, con lo más íntimo, uno ama sus energías juveniles... ¿Comprendes algo de este galimatías, Aliosha? _rió Iván de pronto. Demasiado bien lo comprendo, Iván: uno quiere amar con sus entrañas, con lo más íntimo, lo has dicho muy bien y estoy contemtísimo de que quieras vivir así _exclamó Aliosha _. Creo que todos deben, lo primero de todo en el mundo, amar la vida.
_¿Amar la vida más a su sentido?
_justamente, amarla más que a la lógica, cómo tú decías, que se halle siempre por delante de la lógica, y sólo entonces comprenderé el sentido. Es lo que desde hace tiempo se me figura.
11 comentarios
Alvaro Ramirez Rey
Hermosa lección de Fiodor,
la vida es un milagro,
hay que saberla aprobechar,…
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