by Dr ORLANDO VICENTE ALVAREZ cuban uruguayan ,genius .guantanamero. Diploma in Christian anthropology of Spain. Doctor.Urologist. Volunteer in Caritas.Uruguay,Cuba,Nicaragua.REMEMBER,VICENTE.
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Wednesday, September 1, 2021
LA PERRA DIRKA ,POR ORLANDO VICENTE,CUBA.CUENTO
LA PERRA PASTORA DIRKA,CUENTO,ORLANDO VICENTE ALVAREZ,CUBA
CUENTOS DE PERROS REALES: DIRKA
En casa teníamos una Pastora Alemán a la cual llamamos Dirka. Primero
era una cachorra de color miel y al crecer le nació una melena Blanca
como un león. La sentíamos como parte de nuestra familia y dormía bajo
nuestras camas.
Era una perra tranquila que no ladraba a las visitas ni a los extraños.
Cuando íbamos a la playa en la camioneta de Papá yo la ataba con una
cuerda para que no asustara a los demás niños y adultos que tomaban el
sol o chapoteaban cerca de la orilla. Luego se sacudía y echaba una siesta bajo la camioneta.
Cuando íbamos al campo o la playa ella ya sabía y antes de nosotros
montar las canastas con los alimentos ella ya estaba ubicada en la parte trasera del vehículo como presintiendo que íbamos de excursión o a algún lugar donde podría correr libremente.
Era una guardiana persistente y vigilante, cuando mi padre venía a
almorzar ella se quedaba al lado de la puerta de la camioneta y no
aceptaba que nadie se acercara, excepto Papá.
Cuando llegó la época de celo, la casa se llenaba de perros chicos de
la calle que entraban por el garaje seducidos por el aroma que Dirka
destilaba e iban atraídos como abejas a las flores. Pero ella,
orgullosa, no les prestaba el menor caso, pues parece que esperaba su
pareja ideal. Hasta que trajimos un perro de un vecino, también Pastor
Alemán y a ese sí lo aceptó. Yo escuchaba el acople pero sentía
vergüenza mirar. Solo oía al factor masculino emitir silbidos de
placer. De Dirka: silencio.
Pasaron varios años y una mañana nuestra querida perra amaneció acostada en el patio. Tenía convulsiones de vez en cuando.
- ¡La envenenaron Papá La envenenaron!
Todos la rodeamos con lágrimas en los ojos. Papá dijo:
-No es eso. Es que llegó al final de su vida. Simplemente está muriendo.
-No puede ser- dije yo.
-¡Dirka. Levántate. Mira un gato.
Nuestra perra se incorporó y dio un trote o saltando hasta el garaje y allí se derrumbó.
-Lo siento hijos pero Dirka ha muerto.
En eso mi sobrina, que era vecina nuestra y estaba en plena
adolescencia- mucho amor que dar y mucho que recibir-llegó y abrazó la
perra sollozando- y con esfuerzo la cargó en sus brazos como si un ser
humano o un niño querido se tratara.
Al final del día envolvimos a Dirka en una frazada vieja y la llevamos
en la camioneta fuera de la ciudad. Toda la familia fue con ella darle
su último adiós.
La enterramos bajo un árbol de ceiba para que nadie escarbara, animal o persona, descubriera sus huesos.
Volvimos en silencio a casa. Nadie habló.
Cuando se es joven se aprende de estas cosas, que nada es para
siempre y que tarde o temprano todos los seres queridos se van.
AUTOR: Orlando Vicente Alvarez
´ Autor de la novela: HISTORIA DE UN NIÑO GUANTANAMERO.
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