"Allí fue donde conocí a M…, una matrona un
poco obesa y cincuentona que hablaba sin parar con voz de leona enfurecida
mientras no soltaba el cigarrillo de la mano. Una incontinencia verbal, típica de
los uruguayos mayores. Se hablaba de cualquier cosa, menos de futbol y política sino podían rodear
cabezas y sangre por todos lados.
El banquete, como decirlo, una mezcla de
platos italianos y uruguayos y verduras, tomates, ajís aderezados con una
salsa que solo la Chiqui conocía el
secreto, endiabladamente deliciosa. Y un Mata hambre-carne en churrasco con
huevos duros y asados con leche, entre dos planchas de madera atadas con una
cuerda para sacar todos los jugos. Algo
solo permitido a los Dioses. Y la tarta, de fresa, albaricoque, durazno y mucho
merengue que fue el plato que completo el menú.
ORLANDO VICENTE
URUGUAY

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