Tren Bala es, sobre todo, una historia
oscura e ingeniosa de cinco asesinos en un mismo tren. Ese, a groso
modo, sería su resumen más minimalista. Peo es fácil ver por qué grandes
productores y actores se fijaron en este guión para llevarlo al cine.
Te estás imaginando la historia como una película en todo momento. Es
una enérgica y frenética trama que recuerda al mejor cine policíaco, con
múltiples puntos de vista que van y vienen en el tiempo, para
brindarnos una historia sólidamente entretenida y sorprendentemente
inteligente. Al contrario de lo que dice la sinopsis, diría que nuestro
primer asesino es Kimura, que sube a bordo del tren-bala que se dirige
desde Tokio a su destino final en Morioka, a más de tres horas de
distancia. Tiene la intención de encontrar y castigar al adolescente que
empujó a su hijo Wataru al vacío desde las alturas. El conocido como El
Príncipe es un sociópata de cuidado que con solo catorce años, su
comprensión de la naturaleza humana es mucho mayor de lo que debería a
su edad. Pero existen otros asesinos que también suben al tren y que son
tan profundos o tortuosos como éste. Aunque no cabe ninguna duda que el
principal atractivo se lo lleva El Príncipe. Aunque Mandarina, amante
de la literatura, es otra que tal anda y está casi al mismo nivel de
espectacularidad.
Mandarina, sin embargo, a menudo se preocupa de cuidar a su compañero Limón, cuyo don para la violencia es casi tan fuerte como su obsesión por un personaje histórico que… Y si sus intentos de entablar una conversación pueden ser frustrantes, trabajan bien juntos la mayor parte del tiempo. Y ahora tienen la tarea «fácil» de escoltar a casa al hijo del jefe de un grupo mafioso que acaban de rescatar de un secuestro.
Para mí el quinto asesino es Nanao, también conocido como Mariquita (Ladybug), cuya mala suerte es legendaria en los círculos criminales. Su jefa de servicios, María, lo ha contratado para hacer lo que debería ser el trabajo más simple y menos violento de todos en el tren. Robar una maleta y bajarse en Tokio. Pero la desgracia le impide abandonar el tren, parada tras parada, mientras él y los otros asesinos aprenden poco a poco que sus misiones están todas entrelazadas
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