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Tuesday, December 14, 2021

RELEYENDO EL APOCALIPSIS O REVELACIONES

 FRAGMENTO fui entrevistado para un programa de libros que emitirá Movistar y la periodista encargada de hacerlo me pidió que eligiera y aconsejara una obra distópica entre las muchas que desde el Gilgamesh y el Génesis han figurado en el elenco de la literatura. Mi respuesta fue inmediata. No cité, como mi interlocutora seguramente esperaba, el 1984 de Orwell ni el Mundo feliz de Aldous Huxley, ni la Utopía de Tomás Moro o La Ciudad del Sol de Campanella, sino, precisamente, el Libro del Apocalipsis, también llamado de las Revelaciones, al que esta columna se refiere.

La lectura de esa obra, que es un bestseller permanente, como lo fue durante toda la Edad Media en nuestro país gracias a la espléndida versión en códice miniado que de ella hizo el Beato de Liébana, me parece preceptiva en una etapa de la historia del mundo como la que empieza ahora. Aviso de que no será empeño fácil para el común de los lectores, ya que se trata de un texto polisémico a más no rabiar y plagado de símbolos herméticos que se prestan a toda clase de interpretaciones tan enrevesadas como, a menudo, contradictorias. Pero ya dijo Antonio Machado en uno de sus poemillas filosóficos: «Oscuro, para que todos atiendan, / Claro, como el agua, claro, / para que nadie comprenda». La oscuridad, como bien sabía el sapientísimo Eugenio d’Ors, mueve a la atención y es, por ello, cortesía del autor hacia el lector.

Quien lo pregunta no es un negacionista ni un afirmativista, sino alguien ‒yo‒ que, acogiéndose al principio jurídico del in dubio pro reo, se ha puesto ya las tres vacunas

Me he extendido más de la cuenta… Tendré que dejar para futuras columnas el porqué de la atención que hoy presto en ésta al Apocalipsis de Juan en Patmos. No ha de faltar ocasión, pero valga una muestra. Cito a través de un artículo de Juan Manuel de Prada incluido en su libro Enmienda a la totalidad (Homo Legens, 2021) y titulado La marca de la Bestia. En el Apocalipsis (13, 17-18) se nos habla de un distintivo que los hombres ‒«pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos»‒ se colocan «en su mano derecha o en sus frentes, de manera que ninguno pudiese comprar o vender, sino el que tuviese la señal». 

¿Les suena?

Y más adelante… El Apocalipsis (16, 2) añade que «quienes han recibido la marca de la Bestia perecerán de una úlcera repugnante y maligna (una enfermedad arrasadora) cuando el primer ángel derrame su copa, desatando una plaga que anuncia la derrota del Anticristo».

Lo de la úlcera y sus dos adjetivos es literal.

Todo esto, y lo que en otras entregas comentaré, da que pensar, ¿no? Un poquito, al menos. ¿Cómo es posible que hace casi un par de milenios surgiera en el otro extremo del Mediterráneo un chalado de mirada extraviada capaz de adivinar y codificar tales cosas con tanta antelación y precisión?FERNANDO SANCHEZ DRAGO https://gaceta.es/opinion/un-libro-de-trepidante-actualidad-20211213-1321/

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