Sunday, January 27, 2019

FIN DE AÑO EN PUNTA DEL ESTE. FINAL FELIZ.




   FIN DE AÑO EN PUNTA DEL ESTE. FINAL FELIZ.

   
  Nos acercamos en el auto a la rambla de la playa Mansa en Punta del Este. Los aparcamientos ya  estaban ocupados de autos lujosos y otros más discretos. Una multitud se había posesionado a lo largo de toda la vereda.

     Algunas familias hasta habían traídos mesas pequeñas con sus  respectivas sillas y comían el refrigerio  y tomaban las bebidas que traían en pequeños frigo bar.

   Nos sentamos  sobre el césped detrás de una pequeña palmera. Eran ya como las 11 y a las 12 lanzaban los fuegos artificiales, una tradición que  inauró el Hotel Casino Conrad Hilton. Yo trabajaba en Punta del Este cuando dicho hotel abrió. Eran en mis primeros dos años en el Uruguay.

   Ahora una multitud se agolpaba a lo largo de la extensa vereda junto a la playa. Había una brisa suave y fresca que permitía estar con ropa ligera.

  Mi yerno, mi hija y mi princesa Juli nos sentamos tranquilos. Ale abrió el pequeño frigo bar que traíamos. Extrajo bolsas de papas fritas fritas, botellas de sidra, cervezas y una naranjada sin azúcar para mí.

  Juli estaba contenta y bailaba en el regazo de su madre a punto de la excitación.

  Me puse a observar al público alrededor. Vi todo un gran grupo de chicas y chicos vestidos totalmente de blanco y le pregunté a mi yerno:

  -¿Esos son miembros de alguna secta religiosa?

 -No. Son brasucas o sea brasileños  que quieren parecer  tener “cache” de mucha plata.

  - ¿Y aquellos vestidos a la moda  con zapatos Nike y remeras Adidas?

  -Esos son “Grasas” de Maldonado que llegan en sus motos y pretenden ser de clase superior.      

 - ¿Y las mujeres  vestidas de blanco en batas transparentes?

  -Son “Argentas” turistas que quieren diferenciarse de los Uruguayos, los cuales visten de negro cerrado para diferenciarse de los argentinos.

  -¿Y los millonarios dónde están?

 -En los balcones de esos edificios lujosos- Yo miré y observé que todos los edificios estaban iluminados y varias personas miraban el panorama a sus pies, también esperando a  que dieran las doce y el cielo se iluminara de fuego de colores.

   De repente fue media noche. Unas explosiones de fuegos artificiales llenó el aire. El mar reflejaba los múltiples colores. Era un bello espectáculo.

  La gente, sin distinción de barreras sociales, empezó a abrazarse y besarse entre sí, desconocidos con desconocidos, una inmensa felicidad nos unió a todos.

   Por unos instantes esto me hizo recordar unos de los versos finales de la canción del Grupo de Rock “Led Zeppelin” “Stairway to Heaven”

“When all are one and one is all”

-“Cuando todos son uno y uno es todo”-

  Yo cargué a mi nieta en mis brazos, la apreté entre mis brazos y comencé a llorar de emoción.

  Por todo el pueblo que ahora era uno solo. Por mi pequeña familia. Y por los que había dejado en Cuba.

  Abrasé a un cubano-su acento lo delataba-Él dijo:

  -Si hubiera sabido antes que en Uruguay eran así me hubiera venido hace rato.

   Yo quise decirle que las cosas no eran tan sencillas, pero me abstuve. Era tanto el regocijo en todo en toda la multitud. No era tiempo de hablar del asunto de un emigrante, lejos de su querida isla.

                                  
                                   Orlando Vicente Álvarez. Fin de año de 2018           

                                           

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