Tuesday, January 22, 2019

En la consulta del Neurólogo: dos ancianos conversan.




                   EN LA CONSULTA DEL NEURÓLOGO: DOS ANCIANOS.




DOS ANCIANOS EN HOSPITAL MALDONADO CONVERSAN. SEGUNDA PARTE.

 A  NUESTROS QUERIDOS ANCIANOS URUGUAYOS QUE AMAMOS Y LES DESEAMOS UNA LARGA VIDA.



    Entré al Nosocomio y me acerqué a las dos muchachas de la recepción-bueno, muchachas es término de cortesía, la verdad que habían pasado ya los ’40.

  No atendían al público en esos momentos. Cuchicheaban entre ellas si la última moda en Noruega era teñirse los dientes de verde o amarillo. 

  -No mi  amiga. Creo que el color violeta es más llamativo y con los labios pintados de azafrán lucirían muy bien para atraer al sexo opuesto.

  -No. Querida. El verde es el más adecuado. Imaginate con los labios de un rojo iridiscente, pareceríamos una rosa de Cristo con tallos verdes…

  Al ver que no me atendían acudí presuroso a la farmacia. No había cola lo que me sorprendió pues hacia un sol radiante. Claro, eran como las 9 horas y había poco público. Le presenté las prescripciones de los médicos a la chica tras los cristales. Ella ni me contestó el saludo, ya conocía de mis buenos modales.

  Segundos después me trajo la medicación. Todo un arsenal de medicamentos.

  -¿Están todas?-le dije sorprendido-¿No hay ninguno en falta?

   -No. ¡Esta vez están todos!

    A mí casi me da un patatús de la sorpresa. Y le casi le grité:

  -Disculpe. Pero me dice que no hay ninguno en falta…

  -No. Los suyos están completos.

  -¡Ayy! ¡Ayy! ¡Que me da!-la chica quedó preocupada por mi estado llevándome la mano al pecho.

  ¿Y ahora qué le sucede?

  -¡No estoy acostumbrado a esto!¡Mire, dígame la verdad o van a tener que darme con el desfibrilador por paro cardíaco…Ya conoce, mi Diabetes, mi corazón como una sandía, mi demencia senil, mi hipertensión galopante.   etc., etc.! No estoy preparado para estas sorpresas.

  -¡No se haga el gracioso esta vez! Y deje al próximo paciente que espera en la fila.

  Casi avergonzado me fui hacia el pasillo donde estaba la policlínica. Tenía turno con la Neuróloga, no sé, la última vez me comentó algo del Alzheimer o cosa parecida que no retuve en la mente. Achaques de ancianos.

  Y he aquí que me encuentro sentado muy tranquilo a mi viejo amigo el Señor Ernestico.

   -Buen día. Señor Ernestico, ¿Cuánto tiempo sin vernos…?

  -Buen día- contestó amablemente-Por casualidad nos conocemos…Y mi nombre es Ernestilingo.

  -Sí, como no. El día lluvioso en la parada del Bus.

  -Ahh. Usted debe ser el venezolano…

  -No-le informé-el de Jatibonico, una isla adherida al país que mencionó.

  -¡Esta memoria mía! A veces me hace confundir los rostros. Ya casi se me  ha olvidado la bella cara de la finada…

   -¿Esmeregilda?

  -¿Y se puede saber quién le dijo su nombre?

  -Vos mismo me contó sobre la finada. No se acuerda. Aquel día bajo la lluvia esperando el bus…

  -¡No me acuerdo de nada!

  -Si hasta me mencionó su nombre y que la capa de agua que portaba ella se la había comprado…

  -¡Y cómo vos sabés todo eso! Aun te queda memoria.

  -Bueno. A  veces tengo mis baches. Por ejemplo. No recuerdo todos los nombres de mis hijos ni sus edades.

  -¡Pero hombre! Esas son cosas que nunca se olvidan. A ver. ¿Cuántos hijos tiene?

   Yo haciendo un esfuerzo mental muy fuerte. Me detuve unos segundos…

  -Solo me acuerdo del primer hijo que tuve, Diosmede, que falleció joven, tenía 50 años. El desmochaba las palmas reales que existen en mi pais. Subía por  el alto tronco con unas sogas y con otra arrancaba las pencas del fruto para cebar cerdos -palmiche-. Un día, estando en lo alto, trastabilló y cayó al suelo duro. De pie, como todo un hombre que se respete. Las piernas se clavaron en el suelo hasta las rodillas.Quedó de pie como un Martir. Tuvimos que sacarlo con una yunta de bueyes. Fue una leyenda en el monte de palmas reales. Hasta a un almacén lleva su nu nombre... Pobre, DISMEDE.      

   Me acordé del difunto Diosmede y una lágrima corrió por el único ojo que me llora: el izquierdo.

 -Y ahora mi psiquiatra me está diagnosticando un Síndrome nuevo  que nadie padece en el  mundo.

 -Venga señor.Pero por qué le dijo ese médico eso

 -Es que cada  palma que veo trato de subir una pierna y la otra permanece en el suelo. No sé porqué los chicos me gritan que orino como los perros, un Bull Dog precisamente. Asi el psqiuiatra está escribiendo el Sindrome del Bull Dog.

  ¡-Oigame! ¡Tu me estás cargando de nuevo. ¡Joder!

  -Pero mire, Esmernistico...

  -¡Esmeritilico! ¿Ya se le olvidó?

  -Es que el médico me hizo una hipnosis y dice que estoy tratando de morir como mi hijo Diosmede, Pero no puedo trepar a la palma.-volví a lagrimar por el único ojo sano, el izquierdo.

   -No se ponga así. Todos perdemos algún ser querido en la vida. Mire a la finada…

   Yo ya recuperado de mis recuerdos lo induje a hablar:

  -¿Quién? ¿Esmeregilda?

  -Pero cómo lo sabes vos si no te había hablado de ella. Recuerdo el día que me compró una Capa de agua…

  -¿En una liquidación en Piriapolis?

  -No. Eso no se lo he dicho a nadie. Resulta que ya había pagado el monto de la gran capa de agua al almacenero días antes y le dije que se la regalara a Esmeregilda, como una sorpresa, sabe, y el mal hombre se la vendió de nuevo. Era un ladrón como pululan actualmente.

  -Así es mi amigo. No se puede confiar en nadie ni para un regalo de amor…

  -¡Qué amor, ni amor! Si era un cumplido para que se estuviera tranquila mientras yo salía con una mulata que me volvía loco en los días de mucha lluvia.

  -¿Entonces, engañó a Esmeregilda?

  -Ella sonreía con dicha cada vez que llovía y yo me ponía la gran capa de  agua... Mirándolo ahora más claro, creo que estaba "demasiado" feliz cuando me ausentaba. Sonreía picarona. -cambió de tono y agregó con un poco de tristeza- Cuando mis primeros hijos nacieron, fueron chinos, luego mulatos, negros como azulados. y por último un hijo que se parecía a mí.

   Se detuvo unos segundos,pensativo, para luego agregar:  

  -Eran otros tiempos. Donde un joven  hombre no podía aplacar sus impulsos. Después se me fue el capricho con la mulata. Creo que tuve un hijo natural con ella. Sí de esos que crecen sin padre. Pero ella pronto encontró otro hombre con plata que le dio casa, mucama y la vestía como una reina.

  -¿Y vos cómo seguiste con Esmeregilda?

  -¿Acaso yo le he dicho su nombre? Sí. La amé porque era la única mujer que me comprendía. E hijos…- hizo una pausa haciendo un esfuerzo de voluntad para recordar-No sé. A veces me entra la duda, pero yo fui un padre ejemplar. Los amé a todos por igual. A veces me vienen a visitar, otras no. Han hecho sus propias vidas.

  Y acercándose el rostro a mí me musitó:

  -¿A vos todavía se te para? Porque hay días que yo estoy como un trinquete…

  -¿Qué se para qué?- pregunté.

  -Eso... El miembro...

  -¡No soy miembro del Partido Comunista! Ni nada parecido.¡Vade Retro!- respondí ofendido.

  -No. Digo, la P...
  

   -Ahh. Bueno. Ya no me acuerdo de esa filtrafa-le contesté-ni con tres pastillas azules le hacen efecto.-le respondí.

   En esos momentos me llama la Neuróloga. Me pongo de pie y me despido de Ernestico, digo, Ernestilico.


                           Orlando Vicente Álvarez      






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