Wednesday, January 9, 2019

ACERCA DE LA VIDA Y MUERTE: DIÁLOGO DE DOS ANCIANOS EN URUGUAY



  



 ACERCA DE LA VIDA Y MUERTE: DIALOGO DE DOS ANCIANOS EN URUGUAY.


   OTRO DIA DE LLUVIA EN LA PARADA DEL HOSPITAL DE MALDONADO. URUGUAY


     Un homenaje a nuestros queridos viejos.

 

   Era día de turno con el Diabetólogo. Es el único médico que no falla a la consulta. Será que porque había estudiado en Cuba y allá sí le enseñaron como ser un buen profesional sino lo expulsaban de la facultad o iba preso  por varios años.

 En la parada mientras esperaba el bus llegó de repente mi viejo amigo el anciano alto y espigado de nariz prominente- ascendencia andaluza o de otra ciudad de España- bajo una torrencial lluvia. Estábamos como ranas y zapos saliendo de su escondrijo en pleno verano, confundidos por el cambio de clima.

 -Buenas tardes, digo… Buenos días Señor. Esta lluvia nos tiene cansados a todos. Ni un rayo de sol. ¡Ostia! Que hemos hecho de malo para recibir esto.-comentó el anciano.

  -Menos mal que no veo  el parte meteorológico por la televisión. Dicen que va a haber un sol radiante y  viene un ciclón subtropical que inunda todo y destruye las  casas de los pobres. O anuncian días de lluvias, no un día, sino varias semanas  de lluvia  y entonces viene el sol que hasta podría ir a las playas. Así de sencillo.-respondí yo.

  -Pero algún acierto hacen, a veces…

  -Es que yo casi no tengo TV. Mi tía Florencia la fallecida que Dios la tenga en la Gloria, de Montevideo, me regaló uno en blanco y negro con una pantalla de como 6 pulgadas. Modelo antiguo. Cuando llueve le sale un sonido como de grillos y empieza a  lanzar chispas por todos lados, como Navidades con fuegos artificiales y todo eso.  

  -Yo tengo un HD de pantalla ancha que me regaló una nieta mía y veo hasta los partidos de futbol…-hizo una transición-  Me parece que yo lo conozco a usted.

  -Sí. Usted no es el paciente de las heridas  en el pecho. ¿Y Cómo van ya?

  -Pero en este hospital no se puede guardar secretos. Solo lo sabían los médicos y enfermeras… Aunque para decir verdad, su acento al hablar yo lo conozco de alguna parte. ¿De dónde es usted?

  -De Jatibonico, República Dominicana.

  - ¿Y donde queda eso, digo, si se puede saber?

  -Es una isla pegada a Venezuela. Y oiga, aquí entre  nosotros, hay un hambre de ampanga. Por lo menos allá todos somos iguales-el hambre nos toca a todos, menos al consejo de Estado, como en nuestra vecina Venezuela, que cuando no falta el arroz falta el papel higiénico.Solo para el Consejo de Estado, sus mansiones con piscinas y su ganado especial para consumir... -hice una transición y agregué-¿No le han colocado gusanos en las heridas del pecho, mire que en países del norte es lo último para tratar las heridas infectadas como las suyas…?

     -Me estás cargando señor. Me está cargando. ¿Quién dijo que mis heridas están infectadas?

    -Bueno. Con tanto tiempo sin atenderse y acudiendo a la Intendencia todos los días…

     - ¡Y usted qué le importan mis heridas ni ostias, si están infectadas o cosa así! Acaso es médico, por casualidad-me miró de arriba abajo- no, no tiene pinta de medico ni de enfermero, ni sabe nada de medicina, eso es para los especialistas…

 El anciano tenía una capa de nilón que lo guarecía de la lluvia casi hasta los pies. Más que una carpa para la lluvia parecía una  de  circo viejo como la de “Circo Beat”  de Fito Paez.  Yo con una simple remera- esta vez me había puesto un pantalón- ya ustedes saben, visitar a un médico en bermuda no es apropiado para nuestra edad, etc., etc.

  -¿No se acuerda de mí?- le pregunté con dulzura.

 -No. Es la primera vez que lo veo. Mucho gusto. Ernestilico es mi nombre porque al finado de mi hermano mayor le nombraron Ernestino. Bueno, para diferenciarnos sabe…

  -Si- dije yo en son de broma- no fuera a ser que en vez de sepultar a su hermano lo sepultaran a usted vivo… ja ja ja.

   Me he dado cuenta que a los uruguayos no hay que mencionarle el tema de la muerte ni en broma. Le tienen pánico…

  -Y cambiando de tema- dije yo- esa capa para guarecerse de la lluvia a ¿Dónde la compró? Digo, para obtener una también porque estos días…

  -Esta capa  me la compró mi finada esposa Esmeregilda allá en Piriapolis en una liquidación hace ya unos cuantos años.

  -Pero ¿Cuántos años tiene de viudo? Deben ser como 50 años porque la capa más que guarecer de la lluvia parece la de un circo viejo, de esos que habían antes, por lo vieja y agujereada que está…

  -¡Me estás cargando señor! No ve que este impermeable me lo compro la finada…

 -¿Por casualidad no sería en Piriapolis en una liquidación?

  -¿Y cómo vos lo sabe? SI no le había hablado de eso, es un recuerdo de mi difunta finada…

  -¿Esmeregilda?

  -¿Quién le dijo su nombre? Sí, que está en el cielo.

  - Así es mi viejo, todos venimos a este mundo solo por un rato. Pero no se preocupe, con sus heridas infectadas pronto se reunirá…

    -¿Con Esmerigilda? La finada… -me interrumpió.
   
  -Sí. Eso creo. Pero  tenga fe y esperanza que solo unas semanas le quedan…

  -¡Qué no me hable de la finada así, ni que la muerte me ronda! Al rayo con usted. No respeta mis 80 años.

  -Parece que todos sus familiares estaban “afinados” al morir…

  -Me estás cargando. Mira que llamo a la policía y lo denuncio por irrespeto a un anciano de la tercera edad…

  -Yo también soy de la tercera edad. Si tengo 78 años…

    Me miró detenidamente y me musitó:

  -No se habrá hecho Cirugía Plástica como se estila hoy día, para quitarse la edad y parecer como un pibe.

  -Pero  Ernestilico…

  - Acaso yo le he dicho mi nombre. ¡Que lo parió!

  -Si yo soy pobre como usted. Fíjese que la Intendencia me ha entregado un terreno allá en los linderos de Nuevo Maldonado en medio de un pantano para que construya una pequeña vivienda…

  -¡Qué intendencia ni Intendencia! Si esa Institución no da nada a los pobres…

  -Pero con una pequeña ayudita. Ejem…. Por debajo de la mesa se resuelve todo.

  -¿Y en cuanto al material para la construcción? No me digas que también se lo dio la Intendencia.

  -Mire. Ernestico...

  -Ernestilico, que no se le olvide.

  -Bueno. Ernestilico. Por allá están construyendo un galpón muy grande. No sé para qué es. Yo pienso que es para almacenar los papeles de los salarios del numeroso ejercito de funcionarios y de los usurios que se acumulan años tras años en la Intendencia y el BPS. Ya he conseguido un montón de bloques y bolsitas de Portland como cemento, todos los días de lluvia, en que no hay vigilantes, me llevo algo…

  -Venga acá Señor y ¿Cuánto material  ha robado a la Intendencia?

 -Tres ladrillos y 4 bloques…

  - ¡Joder! Me estas cargando. Así nunca construirá su vivienda ni cuando los Colorados vuelvan al poder…

   -Dejeme aclararle que ya yo tengo 25 años de vivir aquí. He votado dos veces en las elecciones pero en las próximas, no sé, si me decido por el Frente Amarillo, el Colorado o el Blanco... Sí, así no se me olvidan tantos colores donde elegir... Soy un poco Daltónico y que escojo a cualquier color. Pero nunca pierdo la esperanza, Ernestico…

  -¡Qué no me diga más Ernestico! Mi nombre es Ernestilico.

 -¡Ernestilico! Me había conocido de antes, pues yo no lo recuerdo…Mucho gusto. Me alegra conocer personas nuevas. .. Ehhh… - dije yo, pues la demencia senil se me había subido.

  - ¡Vete con tu puta madre…! ¡Qué te parió! ¡Joder!

      Y entonces vino su bus,  se puso de pie sin despedirse y se elevó muy alto, muy alto hasta desaparecer en el cielo nublado y lluvioso.

  -¡Será que ahora es otro finado, por mi culpa!

    No les digo caballeros, que a mí me pasan cada cosa por ser simpático y educado con las gentes sobre todo con los ancianos.

   A propósito, dentro de un mes cumplo mis merecidos 78 años. 

   ¡Qué bien los engaño! ¡Qué bien los engaño!


                                   
       Orlando Vicente Alvarez         

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