Thursday, March 7, 2019

THE BLOG ARCOORLO GUANTANAMERO ,CUBA: LOS PUENTES DE MADISON: FINAL OBVIO O DESASTROSO.

THE BLOG ARCOORLO GUANTANAMERO ,CUBA: LOS PUENTES DE MADISON: FINAL OBVIO O DESASTROSO.: LOS PUENTES DE MADISON: UN FINAL OBVIO O DESASTROSO.          LOS PUENTES DE MADISON: UN FINAL OBVIO O DESASTROSO. ...




LOS PUENTES DE MADISON: FINAL OBVIO O DESASTROSO.




 

   LOS PUENTES DE MADISON: UN FINAL OBVIO O DESASTROSO.

   Se trata de una campesina de origen italiano que al morir deja entre sus pertenencias un diario íntimo muy bien escrito- parecía una graduada en Letras Inglesas de Harvard- y sus dos queridos hijos van enterándose de una aventura que su madre tuvo a los treinta y picos.-las mujeres nunca pueden guardar un secreto ni aun después de muertas- Ambos hermanos no  se habían criado bien en los valores de la familia y el matrimonio. Ambos tenían problemas con sus respectivas parejas.

  
   Basada en un guion de Richard LAGRAVANESE DEL de la novela de Robert James Waller. Y dirigida y actuada por el propio Clint Eastwood y coprotagonizada por la estelar Maryl Streep,  la cual vive en una granja separada de medio mundo y donde, aspecto insoslayable: no había vecinos soplones.

  El esposo y los dos hijos  deciden acudir a una feria del Condado y dejan a Vanesa Johnson sola en la casa, haciendo pasteles de manzana y cosiendo sus viejos vestidos. Hasta que aparece Robert Kincaid, un fotógrafo de mucho mundo que trabajaba para National Geografic, retratando los puentes cubiertos de Madison.

  El primer atisbo de como las mujeres se humedecen al ver a un hombre atractivo solo lo conocemos por el rostro de la actriz al ver por la ventana a Robert lavándose el torso. En el hombre sería más evidente con una erección que no podría ocultar. Él sabía que lo miraban. Clinton podía ser su padre. Estaba en la edad de la “titi manía” pero confiaba en su carisma y su cuerpo de gran galán.

  Maryl STREEP haciendo uso de sus técnicas de actriz- siempre tiene que hacer un gesto con la mano o usar su rostro constantemente, cosa que ya está uno cansando-lo invita a cenar. Esa noche ocurre el romance. Ella se viste con un vestido de flores y termina de seducir a Robert que de bobo no tenía ni un pelo.

  Pasaron una noche de amor muy apasionado- creo que cuando aquello no existían las píldoras azules- pero el romance del momento los conquistó a ambos.

  Lo bueno fuera que Vanesa hubiera quedado embarazada. Total, tenía un esposo medio estúpido.

   Voy ya a la escena final cuando están en las camionetas bajo una torrencial lluvia. Y Robert comete la estupidez o el sadismo- estando ella junto a su marido-  de colocar una cadena o un  rosario-o sería un recordatorio de la familia que podía dejar atrás-Vanesa no puede más al verlo delante en la parada del semáforo y apretó con todas sus fuerzas el manubrio de abrir la puerta y correr bajo la lluvia- estas escenas siempre transcurren bajo una catástrofe natural para dar más dramatismo- para quién sabe qué, agarrar una llave inglesa gigante e ir bajo la lluvia a romperle el cristal y golpearle la cabeza por engatusarla con un amor imposible. Pero después de unos segundos desiste: el matrimonio, los hijos, la granja, la vida provincial, los pasteles de manzana que significan el pecado original. etc.

   No recuerdo las marcas de fábrica de las camionetas: la de Robert creo que era una Toyota, si  así fuera Vanesa no se hubiera resistido ante el mercado japonés.

  Casi rompe el precario manubrio con su mano derecha decidiendo: la libertad con el hombre amado o el seguir haciendo pasteles de manzana en su cocina.

   Sabrá Dios a qué aventuras la arrastraría el fotógrafo por el mundo. Vanesa era una campesina y no estaba para esos trajines. Así que lo de correr tras Robert fue para la imaginación de las mujeres-y algunos hombres- para que la película tuviera un final feliz o a medias.

  A mi lado en el cine me acompañaban dos señoras con sus pañuelos para  enjuagarse las mucosidades y las lágrimas y los exprimían de vez cuando sobre mi pantalón, parecia que me había orinado de la emoción.

  Yo por mi parte lloraba a raudales. Al punto que una security del cine preguntó a gritos si había médicos presentes. Se presentaron siete. Uno dijo que era un ataque al corazón, otro que portaba el síndrome de depresión bipolar ezquizoide agudo, otro que tenía una ortopnéa de tanto maullar. Pero fue uno solo del hospital John Hopkins que dio el diagnóstico certero---especialista en proctología, 

  -Este paciente se ha hecho en los pantalones, no sienten el olor- Todos se acercaron y retiraron sus cabezas espantados. El profesor que sabía mucho me dijo.

   -Hijo. Ve al baño y límpiate bien. Es la emoción de la película cuando la mujer lanza al viento las cenizas del fotógrafo se te aflojaron los esfínteres. No pasa  nada. Ahh. Y recuerda primero limpiarte el rostro de lágrimas y mocos pues al revés parecería que sales de una película de horror con olores y todo.

   Aquello se convirtió en una funeraria cuando el carro fúnebre se lleva al muerto: ¡No se lo lleven!  ¡No se lo lleven! Parecía que gritaba todo el mundo en la escena  final de las camionetas.

  Maryl Streep se pasó la mano por el rostro- otro de sus movimientos característicos como buena actriz que era, para secar sus lágrimas. La camioneta de Robert torció hacia un lado y desapareció y ahí se fueron las fantasías de Vanesa que podía  soñar con Robert aquellos días que pasaron juntos. El marido, uno que se acostaba con ella en la posición de misionero y luego se daba vuelta en la cama a dormir mientras Vanesa derramaba una lágrima recordando los intensos días de pasión que pasó con el fotógrafo parecía que dormía con una muñeca inflable. Le dio por beber y pronto murió de una cirrosis fulminante.

   Unidos, nunca serian felices. Eran almas gemelas pero sus mundos eran completamente diferentes. Imagínense a Vanesa en Tahití con un traje anti tiburones ayudando a Robert a fotografiar a los escualos y como buena madre recordando a sus hijos. Robert cargaría con la culpa. Era un egoísta.

    Meryl SREEP meneó la cabeza y se rascó la oreja derecha aunque esta ya se movía sola.

  Ya al final Meryl Streep lleva uno de sus famosos pasteles de manzana a otra mujer que había cometido adulterio. Creo que en el fondo todos pertenecían a la Secta Testigos de Jehovah y aquel acto significaba la exclusión de la congregación, cosa que el autor de la novela se calla.

  Y así terminó una de las películas más románticas de esa década, medio mundo llorando, y Eastwood engrosando sus arcas con muchos millones, pues era el director y primer actor.
           
                             Orlando Vicente Álvarez
            

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