Wednesday, December 5, 2018

LA CHIQUI: UNA URUGUAYA EXTRAORDINARIA















LA CHIQUI: UNA URUGUAYA EXTRAORDINARIA.

     Yo conocí a la Chiqui cuando  vivía sola en una quinta no lejos de Montevideo. Es la madre de mi cuñada-italiana A… ya casada con mi hermano W… en Punta del Este. Me invitaron a su cumpleaños.
     La quinta era extensa y había mucho terreno de cultivo  y una gran casa de 4 habitaciones con dos baños donde la Chiqui vivía  sola con sus preciosos muebles antiguos, vitrinas repletas de copas de todos colores y para diferentes bebidas y un gran hogar-chimenea-de mármol  donde cabían como tres hombres y que ella prendía con leña cuando hacía mucho frio.
  También en la finca había otra cosa, un poco apartada, que alquilaba a unos ancianos muy silenciosos y que no se metían en su vida.
  La Chiqui heredó todo el terreno de sus padres y ya siendo muy joven se casó con un  emigrante de Italia, muy masculino y serio pero dulce con los hijos que tuvieron. Cuando ella habla del marido dice “el finado” y lo amoroso que  era.
  Entre ambos plantaron viñedos construyeron pequeñas piezas donde almacenaban el vino. Había un pozo conectado a un manantial de donde sacaban el agua para consumo personal y para regar todo tipo de cultivos que crecían fuertemente en aquella tierra fértil. No tenían que ir al mercado a comprar vegetales. Todos se los daba la tierra y el  mutuo trabajo, mientras los tres hijos iban a la escuela.
  Cuando los niños venían de la escuela ella los obligaba a quitarse los zapatos a la entrada y colocarse algún tipo de chancleta para que no ensuciaran el lindo piso. Así de obsesiva era con la limpieza la Chiqui.
  Así vivieron como felices en aquellos tiempos donde la familia lo era todo.
  El marido murió aún joven de un  infarto. La Chiqui, después de llorarlo, se dedicó con más ahínco al cultivo de la tierra, vendía huevos de un gran gallinero que tenía próximo  a la estancia de vinos. No contenta con ello se dedicó a dar clases de costura-en aquel tiempo no había como ahora todo tipo de ropa de fábrica- enseñando como diseñar trajes de novia y de quinceañeras.
  Cuando mi madre y mi hermano vinieron los llevamos donde la Chiqui. Era ya una persona mayor de 82 años pero erguida y trabajadora como si fuera joven aun.
  Allí fue donde conocí a M…, una matrona un poco obesa y cincuentona que hablaba sin parar con voz de leona enfurecida mientras no soltaba el cigarrillo de la mano. Una incontinencia verbal, típica de los uruguayos mayores. Se hablaba de cualquier cosa,  menos de futbol y política sino podían rodear cabezas y sangre por todos lados.
  El banquete, como decirlo, una mezcla de platos italianos y uruguayos y verduras, tomates, ajís aderezados con una salsa  que solo la Chiqui conocía el secreto, endiabladamente deliciosa. Y un Mata hambre-carne en churrasco con huevos duros y asados con leche, entre dos planchas de madera atadas con una cuerda para sacar  todos los jugos. Algo solo permitido a los Dioses. Y la tarta, de fresa, albaricoque, durazno y mucho merengue que fue el plato que completo el menú. Todo hecho días antes solo por la Chiqui.
   Después la trajimos a Punta del este. Nos fuimos a la Playa La Mansa. Mamá Gloria con una bata de toalla y la Chiqui guiándola hacia el agua- mamá solo decia que estaba ciega cuando  requería un mimo o una atención especial, así que todo el tiempo que estuvo  en la playa la Chiqui la cuidaba dentro del agua, guiaba sus pasos y Gloria hinchada de placer.
    Pasaron los años y la Chiqui tenía problemas de Hipertensión y principio de Glaucoma. Así que la hija consiguió un comprador para la finca y alquiló un espacioso apartamento en Maldonado, donde estaría más cerca de su hija, mi hermano y de mí.
  Yo la visito cada semana y a pesar que le digo que no me prepare almuerzo, ella hace una “meriendita” gigante con remolachas y champiñones y le saca el  dulce de la remolacha con una forma de lavado en agua tibia y después fría y después caliente y así sucesivamente… y yo la engullo como un manjar exótico, después una tarta de espinaca, sin harina-¿Cómo puede hacer eso? Que es una delicia.
  Y nadie habla de enfermedades ni de muerte. Es una viuda de mucha fe, aunque sin rosario pero si oraciones al levantarse y acostarse. Y adora los chorizos rojos como mi madre gloria.
  Le dicen Chiqui porque mide 1:50 de estatura. Pero es pura dulzura y me da mucha felicidad.
  Un corazoncito andante.

   Chiqui que vivas muchos  años más


                                   Orlando Vicente Álvarez.           

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