TRANSLATE

Thursday, April 21, 2022

MEMORIAS DEL SUBSUELO

 

Hola. Les paso mi reseña de Memorias del subsuelo. Espero que les guste...
"Dostoievski, el único psicólogo, dicho sea de paso, que me ha enseñado algo. Dostoievski ha sido una de las mayores suertes de mi vida, más incluso que mi descubrimiento de Stendhal." Friedrich Nietzsche, El ocaso de los ídolos
Amargado, resentido, contestatario, recalcitrante, ácido, irónico, irreverente, negativo, acomplejado, cruel, pesimista...
Estos pueden ser algunos de los adjetivos calificativos que el lector puede darle al narrador de "Memorias del subsuelo", uno de los libros más difíciles de reseñar del inmortal Fiódor Dostoievski, a quien tanto admiro.
Este hombre cuarentón, refugiado en su cuchitril dispara dardos venenosos contra la sociedad de su época, contra la famosa "Inteligentsia" rusa, tan de boga en esos años, contra los intelectuales atildados y políticamente correctos sin dejar de chorrear ácido por los cuatro costados.
Dostoievski, quien venía juntando presión debido a sus problemas personales, a los desengaños que la literatura le propinó a mazazos y con la carga de haber saldado su deuda luego de esos interminables cuatro años de prisión en Siberia ("Esa noche tuve pesadillas horribles. No era extraño, pues durante el día había recordado los años de cárcel que habían sido mis años de estudio"), puso en este narrador todos sus pensamientos más negativos, crueles y despóticos sabiendo que muchas de las personas que en ese 1864 leyeran este manifiesto, tomarían el guante y posiblemente se sintieran ofendidas ante palabras tan hirientes pero también certeras que se les propinaba.
"Quienquiera oír que oiga", dijo don Fiódor mientras despotricaba contra medio mundo, contra los hipócritas, los débiles, los chicos buenos, contra los pacatos y los aduladores de cuarta categoría. Nadie se salvó de su crítica, a la que disfrazó de ex empleado atrincherado en un mugroso cuarto subterráneo.
Las palabras del narrador del subsuelo son de carácter anticipatorio, dado que vislumbran lo que en pocos años más sucedería en Rusia entre las distintas clases sociales. Dice lo que muchos piensan pero pocos se atreven a decir; habla con paradojas ("Ustedes creen en el palacio de cristal, al que no se le podrá sacar la lengua ni amenazar a escondidas. Pues bien, yo desconfío de ese palacio, porque justamente es de cristal e indestructible" o "Evidentemente, no puedo romper la pared con la cabeza, por que mis fuerzas no me alcanzan para ello; pero me niego a aceptarla simplemente porque sea de piedra y yo no tenga fuerzas para romperla").
El hombre del subsuelo es inconformista, no se soporta ni a sí mismo y vomita su rencor y su odio a los cuatro vientos sin temor, pero a la vez, es un hombre que más allá de saber que está en una posición desventajosa, cree firmemente en la voluntad del hombre, en sus intereses y los sopesa con dignas dosis de razón y deseos.
Este personaje tan peculiar, con sus ideas tan radicales y extremas será el puntapié de partida para otros personajes de tintes bastante similares que Dostoievski creará para sus novelas futuras. Anticipa una mente tan retorcida como autocompasiva como es la de Rodion Románovich Raskólnikov en "Crimen y castigo", compare ideales revolucionarios con Piotr Verjovenski, y Nikolai Stavroguin de "Los demonios", tiene puntos en común con el costado más oscuro de Iván y Dmitri Karamazov y posee afinidades con Arcady Dolgoruki de "El adolescente", quien desarrollará una interesante teoría denominada "idea-rincón".
Siempre, en las novelas de Dostoievski nos encontramos con personajes emparentados con el subsuelo. El caso de Smerdiakov en "Los hermanos Karamazov" es uno de los más emblemáticos. Svidrigáilov en "Crimen y castigo" es taimado, raro e impredecible y el príncipe Sokolski de la novela "El adolescente" puede ser frívolo y cruel. Esta es la personalidad que también se autoimponen los mismos personajes ya que forman parte de la polifonía creada por Dostoievski en sus novelas.
Hay una frase de uno de sus libros que aparece en otra de sus novelas llamada "La aldea de Stepanchikovo" que dice "Un alma ruin, al salir de la opresión, comienza a oprimir". Creo que esto es lo que le sucede al narrador de este libro y decide ponerlo en práctica en la segunda parte "A propósito de la nieve derretida", en donde narra tres hechos que le sucedieron a la edad de 24 años.
Aquí todo se desarrolla en tres grandes escenas, en primer lugar cuando se encuentra con sus compañeros del trabajo, cuando estos tres deciden hacer una comida de despedida a uno de ellos y cuando luego de distintas situaciones que no lo dejan bien parado, termina en un febril y desvariado encuentro con una joven prostituta a la que quiere aleccionar en la vida. Posteriormente, sigue todo esto en su propia habitación involucrándose su propio criado en la confusión general.
Pero puede observarse que la segunda parte del libro es completamente distinta de la primera. A mí personalmente me gusta muchísimo más la primera puesto que en ella se lo nota totalmente jugado y sin vuelta atrás, metido en una salsa como él dice en "hecha de contradicciones, de sufrimientos y de amargos análisis".
Anoté alrededor de treinta frases que se dicen y algunas de ellas, sirven para reconocer la maestría de Dostoievski a la hora de penetrar en lo más profundo del alma humana.
Algunas de ellas son realmente profundas:
"Uno, en el fondo, no cree en su sufrimiento, casi se ríe, pero, aún no creyendo, y sufre de verdad."
"No digo que la civilización hace al hombre más sanguinario, pero sí mucho más perverso, más cobardemente sanguinario."
"El hombre, a veces, desea apasionadamente sufrir."
"El hombre siempre enumera sus pesares, pero no siempre se detiene a pensar en su felicidad."
"El hombre es estúpido por naturaleza, totalmente estúpido. Y es más ingrato que estúpido: es difícil encontrar otro ser más ingrato que él."
"Cuando la voluntad se enfrente con la razón, podremos razonar y ya no desear, porque a un ser que razón le es imposible desear algo estúpido, o ir en contra de la propia razón."
"¿Qué buscamos? ¿Qué queremos? Nosotros mismos no lo sabemos. Es más, si nuestros deseos se cumplieran, no nos sentiríamos felices."
Puedo afirmar que dentro de todo lo que he leído, un solo libro se asemeja a este: me refiero a "La caída", de Albert Camus, quien admiraba con devoción al genial novelista ruso, aunque difiere en la variedad de temas tratados y el tenor de este libro no es tan cargado y visceral como el de Dostoievski.
Fiódor Dostoievski resume en la que considero la mejor frase de este libro lo que significó su obra en su momento y aún hoy, en nuestros días y nos da la real dimensión de quién fue verdaderamente como escritor y ser humano:
"En lo que a mí respecta, a lo largo de mi vida no he hecho más que llevar al extremo todo lo que ustedes dejaron por la mitad."

No comments:

Post a Comment