
- Hola nuevamente. Les comparto una reseña. En este caso de Los Demonios, que escribí en 2016 antes de leer a los Karamazov. Es muy extensa, pero creo que les gustará."Si usted supiera, Sónechka, cuánto cuesta ser escritor, es decir, ¡cargar con la suerte del escritor! Mire usted: yo estoy seguro de que si dispusiese para escribir una novela, de dos a tres años —lujo que pueden permitirse Turguéniev, Gonchárov y Tolstoi— me saldría una obra de la que se hablaría aún pasado un siglo.”Con esa carga de preocupación que en una carta Dostoievski le escribe a su sobrina, Sofía Aleksándrovna Ivánovjmir, en agosto de 1870 antes de comenzar a escribir Los Demonios nos muestra al autor comprometido en escribir una novela que haga sacudir a la sociedad y a los estratos literarios de su época. ¡Cuán equivocado estaba! Si supiera la vigencia que tiene esta novela hoy en día por los temas que plantea… Sucedió exactamente lo que deseaba en ese siglo del que habla. Vaya que lo logró. Leer Los Demonios es sin ningún lugar a dudas, adentrarse en una de las más controversiales novelas que ha dado la literatura no sólo por lo que significó en sus tiempos, sino también por lo que Dostoievski logro, nada menos que anticipar el advenimiento de todos los grupos revolucionarios de la década del ’70, en el siglo siguiente y me atrevería a ir más allá: a grupos de fanatismo basado en la fe a partir sucesos como el del ataque a las Torres Gemelas, perpetrado por Al Qaeda en 2001, o yendo más allá aún, visible hoy en el grupo ISIS.Fuertemente criticado por la sociedad literaria rusa en sus tiempo, Dostoievski mantuvo su posición, indicando que escribiría su libro “con fuego”, aunque lo acusaran de retrógrado. Es que en realidad, él comenzó a pertrechar el argumento de su libro a partir de un verdadero grupo nihilista (y aquí hacemos mención del término por primera vez), comandado por el revolucionario Sergéi Necháiev que alrededor de 1849 manda a asesinar a Ivanov, uno de sus miembros más por desobedecer sus órdenes que por soplón.Este hecho ordena las ideas de Dostoievski para darle vidas a cuatro de los personajes más malvados, perversos y peligrosos que podamos encontrar en sus novelas. Y, ¿por qué digo esto? Básicamente, porque en sus otras novelas, encontramos tal vez un solo personaje que posee estas características. Podríamos citar al Príncipe Valkosvski de la novela Humillados y Ofendidos, en menor medida al pintoresco Fomá Fomich de Stepanchikovo, el problemático padre adoptivo de Arcadio Dolgoruki en El Adolescente y en cierto modo a Parfión Rogozhin en El Idiota.Pero aquí la cosa tiene otro tenor cada uno de los cuatro personajes centrales, Piotr Stepánovich Verjovenski, el líder y revolucionario y sobre quien gira la mayor parte de la historia, Nikólai Vsevolódovich Stavroguin, volátil y violento, Alexéi Nilich Kirilov, nihilista y existencialista puro y Shátov, el estudiante de ideales inalterables en búsqueda de Dios.Dostoievski maneja la novela a dos niveles. Por un lado, encontramos la conflictiva relación de Stepan Trofímovich Verjovensky (padre de Piotr Stepánovich) y Várvara Petrovna Stavroguina (madre de Nikolai Stavroguin). Ellos representan las generaciones anteriores, que aunque mayores de edad no son menos complejas en sí que las de los jóvenes. Relaciones de veinte años que a lo largo de la novela adquirirán distintas transformaciones hasta eclosionar en un final totalmente distinto al que leemos en las primeras páginas.El segundo nivel es el de los jóvenes entusiastas ya enumerados previamente. Aquí nos encontramos con distintas personalidades que chocarán entre sí y que formarán gran parte de la trama argumental dispuesta por Dostoievski quien siempre, como creador de la en sus novela polifónica según el genial teórico Mijaíl Bajtín, se hace a un costado dejando que sus héroes lleven adelante la historia cada uno con la defensa de “su” idea.El principal personaje por el que giran la mayoría de los acontecimientos es Piotr Stepanovich Verjovenski. Con poco sentido de la sensibilidad y bastante inhumano por momentos, su único motivo en la vida es lograr poner en funcionamiento "su causa", su revolución y para ello utilizará todos los recursos y que tenga a mano. Su idea de la revolución está formada hace mucho y la tiene muy estudiada. Para él es tan clara como el agua. Creo que todo el meollo de su doctrina hace eclosión en un capítulo clave, al final de la segunda parte en donde Verjovenski le expone a Stavroguin lo que persigue para poner en marcha su golpe revolucionario:"Escuche. Para empezar provocamos una revuelta —Verjovenski siguió diciendo nerviosamente, agarrando continuamente a Stavroguin de la manga izquierda—. Ya se lo he dicho: llegaremos hasta la plebe. ¿Sabe que ya tenemos una fuerza enorme? Nuestra gente no es sólo la que mata e incendia, la que emplea armas de fuego al estilo clásico o muerde a sus superiores. Ésos sólo son un estorbo. Sin obediencia, las cosas no tienen sentido para mí. Ya ve que soy un pillo y no un socialista. ¡Ja, ja! Escuche, los tengo a todos ya contados: el maestro que se ríe con los niños del Dios de ellos y de su cuna es ya de los nuestros. El abogado que defiende a un asesino educado porque éste tiene más cultura que sus víctimas y tuvo necesariamente que asesinarlas para agenciarse dinero también es de los nuestros. Los escolares que matan a un campesino por el escalofrío de matar son nuestros. Los jurados que absuelven a todo delincuente, sin distinción, son nuestros. El fiscal que tiembla en la sala de juicio porque teme no ser bastante liberal es nuestro, nuestro. Los funcionarios, los literatos, ¡oh, muchos de ellos son nuestros, muchísimos, y ni siquiera lo saben! Además, la docilidad de los escolares y de los tontos ha llegado al más alto nivel; los maestros rezuman rencor y bilis. Por todas partes vemos que la vanidad alcanza dimensiones pasmosas, los apetitos son increíbles, bestiales… ¿Se da cuenta de la cantidad de gente que vamos a atrapar con unas cuantas ideíllas fabricadas al por mayor? Cuando me fui al extranjero hacía furor Littré con su teoría de que el crimen es demencia; cuando he vuelto ya no es demencia, sino sentido común, casi un deber y, cuando menos, una noble protesta. «¿Cómo no ha de matar un hombre educado si necesita dinero?». Pero esto no es más que el principio. El Dios ruso ya se ha vendido al vodka barato. El campesinado está borracho, las madres están borrachas, los hijos borrachos, las iglesias vacías, y en los tribunales lo que uno oye es: «O una garrafa de vodka o doscientos latigazos». ¡Oh, que crezca esta generación! ¡Lo malo es que no tenemos tiempo que perder; de lo contrario habría que permitirles emborracharse aún más! ¡Ay, qué lástima que no haya proletariado! Pero lo habrá, lo habrá. Todo apunta en esa dirección…"Nikolái Stavroguin es otro personaje complejo, también ambiguo en lo que a bien y mal concierne. Una persona de costado malévolo y sin escrúpulos, a punto tal que decide casarse con María Timofeievna Lebiadkin sin entender nadie el por qué de semejante decisión, teniendo en cuenta las imposibilidades mentales de ella. Para complicar las cosas, juega a dos puntas con los sentimientos de Lizaveta Nikolaievna. Siempre saca jugo y partido de las reuniones secretas que hace el grupo nihilista y busca siempre su tajada, su oportunidad para beneficio propio. Su poco interés por la ética y la moral hará que se involucre en un acto de extrema bajeza, incluido en un capítulo que Dostoievski sacó seguramente para no tener inconvenientes, puesto que trata del abuso y la violación de Matriosha, una niña de once años. Esto será editado muchos años más tarde, tanto como un apéndice del libro como también aparte en un librito llamado "La confesión de Stávroguin" (he hecho mi reseña en goodreads para quien quiera leerla). En el mismo, entran en juego la culpa, la soberbia, Dios y su incapacidad para escapar a lo abyecto de tamaño crimen.El caso de Kirilov es uno de los más emblemáticos del libro por su gran pensamiento filosófico acerca de Dios. De su no existencia sobre todo. Recordemos que este libro es uno de los preferidos de Albert Camus, quien, en su libro "El mito de Sísifo", le dedica un capítulo especial a Kirilov utilizando como tema central el absurdo, el suicidio y Dios. Es que la cuestión de la ausencia de Dios es parte de ese nihilismo que será tomado por Friedrich Nietzsche para desarrollar su teoría filosófica sobre la "muerte de Dios" a partir de la destrucción de sus valores. En cierto modo, Kirilov "juega " a ser Dios a partir de su idea del suicidio cuando le dice al narrador de la historia, Antón Lavrentievich:..."La vida es dolor, la vida es terror y el hombre es desdichado. Ahora todo es dolor y terror. Ahora el hombre ama a la vida porque ama el dolor y el terror, y ahí está todo el engaño. Ahora el hombre no es todavía lo que será. Habrá un hombre nuevo, feliz y orgulloso. A ese hombre le dará lo mismo vivir que no vivir; ése será el hombre nuevo. El que conquiste el dolor y el terror será por ello mismo Dios. Y el otro Dios dejará de serlo.—Entonces, según usted, ¿ese otro Dios existe?—No existe, pero es. En la piedra no hay dolor pero sí lo hay en el horror de la piedra. Dios es el dolor producido por el horror a la muerte. Quien conquiste el dolor y el horror llegará a ser Dios. Entonces habrá una vida nueva, un hombre nuevo, todo será nuevo."Finalmente, tenemos al estudiante Iván Pavlovich Shátov, quien para mí es el que más arraigados tiene sus ideales. Aún más que Verjovenski, ya que lo veo como una personaje con los pies sobre la tierra, consciente de cual es su papel dentro de lo que le toca vivir, sobre todo casi al final de la novela, a partir de un hecho que no voy a comentar para no incurrir en el spoiler, teniendo en cuenta que siempre habrá personas interesadas en leer este libro maravilloso. La esencia de Shátov es la de una hombre en constante búsqueda de Dios, teniendo en cuenta que su punto de apoyo es la total defensa del pueblo ruso. Esto queda plasmado en sus diálogos con Stéfan Trofímovich y con Nikolai Stávroguin. Extraigo un par de ellos:“A ustedes no les bastó con dar esquinazo al pueblo; ustedes lo trataron con repugnante desprecio; y sólo porque entendían por pueblo únicamente al francés, mejor dicho, el parisiense, y les daba vergüenza que el pueblo ruso no fuera como él. ¡Eso es así! ¡Y quien no tiene pueblo, no tiene Dios! Que quede claro que aquellos que se alejan de su pueblo también se alejan de la fe paterna y acaban siendo ateos o indiferentes. ¡Digo la verdad! Está demostrado. ¡Es la razón por la cual todos ustedes, y ahora todos nosotros, somos viles ateos o simple canalla depravada y escéptica!”Un pueblo de veras grande no puede resignarse a desempeñar un papel de segundo orden en la humanidad, ni siquiera de primer orden, sino sola y exclusivamente el primer papel. Cuando el pueblo pierde esa fe deja ya de ser pueblo. Pero como la verdad es una y, por lo tanto, sólo uno de los pueblos puede tener al Dios verdadero, aun si los demás tienen sus propios dioses, grandes e individuales. El único pueblo «portador de Dios» es el pueblo ruso, y…, y… ¿me tiene usted, Stavroguin, por un tonto tan prudente —de pronto se revolvió con furia— que ni siquiera sé si mis palabras de ahora son los consabidos e insulsos lugares comunes que se trasiegan en los círculos eslavófilos de Moscú, o son, por el contrario, una palabra nueva, la última palabra, la única palabra que lleva a la regeneración y la salvación y…, y…?”Es impresionante cómo Dostoievski va delineando con pinceladas la profunda y compleja psicología de cada personaje, porque no se queda atrás ya que además de estos personajes nos encontramos con la más variada fauna humana a lo largo de toda la historia. Todos ellos tienen mucho que ver a medida que uno lee el libro. Uno de ellos, el escritor Karamzínov, es en realidad una ácida y despectiva caricatura de Iván Turguéniev, quien tuvo grandes disputas con Dostoievski a partir de la diferencia de ideales que profesaban. Era una época en que la sociedad (y los intelectuales) se dividían entre los eslavófilos, quienes defendían a ultranza la idiosincrasia rusa y los occidentalistas, que se inclinaban a todas las tendencias de Europa. Dostoievski tuvo un feo cruce con Turguéniev en Baden Baden, durante su exilio, donde se acusaron mutuamente. La relación nunca fue buena. Realmente en Los Demonios ridiculiza a Turguéniev sin miramientos.Hay muchos personajes más. Además de María Timofeievna Lebiadkina, encontramos a Fedka, el presidiario, un auténtico asesino suelto por las calles de Skvoreshniki, que es donde sucede esta historia, Lizaveta Nikolaievna, que tendrá dividida su atención entre Nikolai Mavriki, su eterno enamorado, Varvara Petrovna y el propio Stávroguin, también encontramos a Daria Pavlona, el alcohólico General Lebiadkin, un ser realmente abominable, a Virguinski, el huésped del grupo nihilista junto con su esposa, Arina Projorovna, la partera, el taimado Liputin, traicionero y capaz de vender a su madre, a Liamshin, “el conocedor del pueblo”, la gobernadora Yulia Mijailovna y su marido Von Lembke y otros personajes secundarios que funcionan como satélites de los principales.Realmente, un libro impresionante, único, de una factura brillante, con giros de tuerca propios de Dostoievski, con exposición de temas que hoy siguen teniendo vigencia, personajes de costados psicológicos inesperados por momentos y una historia muy bien lograda como sólo él podía crear. Luego de haber leído absolutamente la totalidad de sus cuentos, La Casa de los Muertos y todas las novelas, dejo para lo último, el libro que casualmente escribió al final de su vida y que con seguridad fue, es y será el más glorioso de su obra y de la literatura universal: Los Hermanos Karamazov.
4 comentarios
Camilo Zuazo
Es
increíble cómo en cada novela, toma los elementos de las anteriores en
un nuevo todo, volviendo las ideas desarrolladas antes, personajes de
las nuevas , pero bajo una nueva función. Conserva y supera. Esta novela
es increíblemente
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