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Thursday, February 28, 2019

LA BRUJA DUEÑA DE SUPERMERCADO PUNTAESTEÑO.



  LA BRUJA DUEÑA DE SUPERMERCADO PUNTAESTEÑO.

  Érase una mujer  ya entrada en años dueña de un supermercado de esos llamados “golondrinas” o sea, que abren solo en época de verano cuando viene el turismo.

  Un hombre, cliente habitué del servicio, siempre compraba quesos, jamón, baguette y otros artículos.

   Una tarde, bajo un calor abrazador, fue como siempre a adquirir su pan y jamón que eran su dieta especial por las tardes. Gastó como 300 pesos pero le faltaba UN peso para completar la cifra.

   La bruja, porque de otra manera no se podía llamar a aquella vieja que lloraba por un simple peso le espetó:

   -Falta un peso.- le dijo con voz amenazante.

   El hombre revisó su cartera minuciosamente y no encontró la dichosa moneda. Y le dijo a la mujer:

  -Disculpe. Pero se me olvidó traer menudo.

  -Pues tráigamelo hoy mismo a más tardar mañana.

  El hombre, avergonzado entre tantos clientes recogió su compra y se marchó.

Ya en casa estaba inquieto. ¿Cómo ser tan avara por un simple peso? Le atacó un furor psicótico y buscó en su cartera  un billete de 20 pesos y se dirigió al mercado.

   La bruja, digo la mujer, había dejado su puesto detrás de la caja registradora y conversaba con algunos clientes. El hombre, billete en mano, la interrumpió y le dijo con voz firme:

   -Aquí tiene el peso que le faltaba. Tome los 19 restantes pues se ve que a usted le hace más falta que a mí.

   La mujer dijo:

   -Pero. Pero. Pero.

  El hombre dio media vuelta y se marchó. La bruja quedó contenta con los veinte pesos de más que le había requerido al hombre.


   En el infierno hay un lugar especial para este tipo de comerciante: le hacen comer monedas ardientes pero peor es cagarlas.   

Friday, August 24, 2018

LAS FOCAS APLAUDIDORAS DE FIDEL CASTRO


        LAS FOCAS APLAUDIDORAS DE FIDEL CASTRO

    Cuando yo estaba haciendo la residencia en mi especialidad en los primeros meses declararon a Guantánamo como sede de la celebración del acto nacional por un aniversario más del asalto al cuartel Moncada o 26 de Julio. El jefe del departamento de mi especialidad me envió a cuidar como médico a una congregación de hombres maduros milicianos.
     Era una Secundaria Básica de esas que construyó el régimen por toda la isla para separar  a los hijos de los padres y sustraerlos  de la educación familiar que recibían, aun tipo tradicional, y no la Marxista-Leninista con enseñanza del idioma Ruso y todo lo demás
    Me asignaron una ambulancia con un chofer viejo y amable que me dijo que todas las secundarias en el campo estaban libres de alumnos para albergar a todos aquellos milicianos comunistas traídos de diferentes ciudades de Cuba. Ni  de este punto se olvidaba el Comandante para ofrecer la propaganda que todo el pueblo lo apoyaba.
   Yo llegué a la escuela con buen talante y sentido del humor. Me asignaron la enfermería que estaba pelada-solo algodón y un poco de gaza. Después de instalarme vinieron un grupo de mujeres jóvenes vestidas de civil y me dijeron que eran miembros del grupo de apoyo al Comandante. Me trajeron todos los insumos médicos que hacían  falta: tijeras, pinzas Kosher, hilo para suturar, agujas, alcohol. Etc. y varios frascos con tapa donde yo debía recoger muestras del desayuno, almuerzo y cena por si se declaraba una diarrea masiva o intoxicación alimentaria, investigar en los frascos correspondientes que debía guardar en un frízer.
    Esa noche llegaron los oficiales que dirigían al contingente, todos maduros. A la hora de dar la novela mexicana de moda que tenía a todo el mundo pegado a sus televisores por una hora, primero discutieron entre ellos si yo podía entrar con ellos a una oficina con televisor a color o no. Tuve que ver la novela junto a los pobres milicianos en tv blanco y negro.
   Al día siguiente: el discurso de Castro y en primera fila todos los hombres y mujeres milicianas que estaban en todas las secundarias de la provincia. Y cómo aplaudían cada frase contundente del Jefe Supremo. Y yo mirando por el televisor blanco y negro.
   Al Secretario del PCC que tenía Guantánamo hacia siglos lo eliminaron por otro, así no más, sin consultar con el pueblo ni hacer elecciones-lo cierto era que el pueblo ya estaba podrido del antiguo y era vox populi de su finca en lo intrincado de un monte donde se construyó una mansión con piscina y animales y aves exóticos.
    Cuando terminó todo se desperdigó la muchedumbre y los milicianos  volvieron a la Secundaria, hambrientos y sedientos. Después de saciarse vinieron unos ómnibus y todos se marcharon. Quedamos el chofer de la ambulancia, un recluta blanco muy joven y yo.
   El recluta entró a la cocina y me llamó:
   -¡Ven a ver a esto!
   Lo que vi me llenó de asombro. Decenas de cerdos muertos, peladas, destripados y a punto de ser cocinados. Quesos redondos, piernas de jamones colgando con ganchos del techo. Cosas que yo no había visto por años.
    - Vamos a llevarnos uno de cada una de estas cosas para nuestras familias.
    -¿Y al chofer de la ambulancia?-le dije yo.
    - Bueno. De acuerdo.
    Parecia que todo el mundo había abandonado la escuela. Así que cargamos dos lechones para la ambulancia, rodajas de queso y un jamón entero para cada uno. El chofer contento con aquella riqueza que le caía del cielo y todo con el apoyo de nosotros dos.
    Yo dejé al recluta que buscaba un jeep al parecer para cargar con todo lo que cupiera de la provisión que Castro había puesto sin querer a nuestra posición.
     El de la ambulancia me llevó a mi casa y entramos por el garaje para que nadie fisgoneara nuestra carga. Cuando el chofer se marchó y mi esposa vio todo a aquel botín dijo:

    Fidel quiso beneficiar a sus fieles focas aplaudidoras y no sabe que nos hizo un regalo, aunque robado, a unos que no estaban de acuerdo con su cháchara.   


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