Friday, January 25, 2019

¿CON LA SOGA AL CUELLO? AL PSIQUIATRA. .




¿CON LA SOGA AL CUELLO? AL PSIQUIATRA..



  Cierta vez en consulta  vino un paciente que me enseñó un papel para presentar en oficinas de ayuda a los necesitados del  gobierno de turno.
-¿Y qué es esto que dice aquí? Yo no lo entiendo. Me lo escribió el psiquiatra que me atiende.
  Yo tomé el  pliego en mis manos y lo leí:

  “Síndrome de Diógenes mezclado con el Síndrome de Narciso Tipo II”

   Yo quedé pensativo unos instantes y le dije:

  .-Mejor vaya a un Psicoanalista que sabe mucho de Hermenéutica y Exegesis, que ellos saben más que un psiquiatra sobre esta enfermedad.

  -¿Y qué es eso Doctor?

  -Se trata del estudio y des escriptamiento  de escritoras antiguas, sobre todo de las Santas Escrituras, la Biblia.

 - ¿Y yo que tengo que ver con eso, Doctor? Soy un hombre tranquilo, trabajé toda la vida y ahora que ya los años me levantan con pesada carga. Me vienen con esto?

  -Ahh. Los psiquiatras, los psiquiatras. Vaya con el psicoanalista, por favor, que son los mejores conocedores de las enfermedades mentales. Y no prescriben tantos medicamentos como los psiquiatras que producen efectos secundarios y luego vienen más drogas para contrarrestar estos. Al final, usted queda peor que cuando acudió por primera vez.-y continué después de una pausa-el problema con los psicoanalistas es que se toman su tiempo para diagnosticarlo-7 o 10 años, depende de su bolsillo. Y además, se duermen  a ratos  durante la consulta y de cuando en cuando se despiertan para decirle: continúe por favor, continúe, que ya estamos avanzando mucho- y después de otra pausa-a propósito: ¿Qué hora es?
-¡Pero solo han transcurrido 40 minutos, doctor!

  Y el psicoanalista le dice con la mayor paciencia:
-No importa el tiempo si es bien aprovechado. Hasta la semana que viene… Ahh. Que no se le olvide su tarjeta de crédito. Hace una semana que mis honorarios no son abonados por usted.     

  -Así. Que el psiquiatra le diagnosticó una enfermedad metal que ya conozco.

-SÍ. Parece que sí Doctor. Pero me llamó la atención que solo en una ocasión, hace como un año y medio, me vio personalmente en su consulta. Después mandaba a su secretaria a repetirme la  medicación, así, sin más ni más.

  -¿Y usted por qué no se quejaba?

 -No quería molestar, Doctor. Es que trabajan mucho porque este mundo está cada vez peor: gente sufriendo por todas partes.
 -Pero usted según dice aquí en el papel tiene una enfermedad mental…

 -¡Qué enfermedad mental, ni enfermedad mental! Yo solo fui a ver a un psiquiatra.

  El señor salió de la consulta con pasos cortos como si la vida misma se le hubiera hecho pedazos.



  

   No era como hace miles de años en que las enfermedades mentales las trataba el brujo o el espiritista de la aldea. O si no, apedreaban al individuo como poseído por algún espíritu maligno y se acababa con el mal. O lo lapidaban, lo ahorcaban, lo exiliaban u otra forma de tortura.

   Después, con el tiempo llegaron los sacerdotes que con la confesión, la penitencia, el arrepentimiento  y el rezar como 28 Ave María y 40 Padre Nuestro, pretendían curar al enfermo. Si esto no daba resultado entonces llamaban a un exorcista de experiencia y todos los demonios-habían todas clases de espíritus malignos que atormentaban la psiquis del sufriente, y remedio santo. Si no lo expulsaban lo encerraban en un convento especial con una celda cerrada y lo mantenían a pan y agua, hasta que muria, así acababan con el mal de raíz.

   Vi un documental del AFRICA negra donde un brujo santiguaba en una lengua de sus antepasados a un joven, prostrado en una rama de palma al aire libre, para curarlo de una Apendicitis Aguda. Después le daba a beber una pócima muy antigua. El joven se ponía de pie o moría- el espíritu maligno había triunfado- pero en este caso el chico se curó de su dolencia. Era un asunto de fe y de tradición cultural.

  Entonces llegó Sigmund Freud que lo complicó todo con la revolución del psicoanálisis. Y acudió a la mitología griega-tenía que ser los griegos pues todos estaban locos empezando con Platón y su teoría atómica.

  De ahí surgieron varios Síndromes  que explicaba la complejidad del alma humana: Diógenes, Edipo, Electra-Jung-,  Cronos, Ulises. Hasta  el Síndrome de Penélope –sí la esposa de Ulises que lo esperó como 20 años siéndole fiel, ya no se ve este tipo de féminas-  se mencionó en el psicoanálisis.

  Pero Freud no se quedó tranquilo. El alma humana era tan compleja- y él hizo un pandemonio de ella- Entonces, no era suficiente con tantos Dioses para nombrar las enfermedades mentales. No. No se quedó ahí.

  Surgió el Complejo de   Creso, el de Aquiles. Y por último, no satisfecho- se le acababan los Dioses Griegos -explicó el Complejo de Edipo que tantos dolores de cabeza trajeron al psicoanálisis-la mayoría de los especialistas ya estaban desarrollando algunos de estos Síndrome o sea, se volvían locos e inventaron el Complejo de Sarah  Bernard famosa actriz de comienzo del siglo XX que movilizaba a multitudes con sus actuaciones en el teatro.  Ya que no le bastaban los que había explicado claramente el Doctor que revolucionó  el acercamiento a las nuevas enfermedades mentales, que siempre habían existido pero tenía que surgir un hombre como él para complicar las cosas.

Entonces surgieron las Fobias:

  Ablutofobia: miedo al agua y a la lavarse las manos-en lenguaje coloquial: el Complejo del cerdo.
  Acluofobia: miedo a la obscuridad- sobre todo aplicada a los niños que quieren dormir con una vela prendida o más modernamente, con una lámpara eléctrica. Se les elimina cuando el varón llega a la adolescencia, tiene una noviecita y busca algún sitio oscuro en la calle para satisfacer su imperiosa necesidad sexual. Hay cesa el miedo a la oscuridad.

   Agateofobia, dementofobia o maniafobia: miedo a la locura o a volverse loco: como están las cosas a esa fobia llegamos todos tarde o temprano sobre todo los psiquiatras que ya algunos la tienen.
   Y así tantas Fobias que los psicoanalistas y los psiquiatras las confundían todas: a uno que le temía a la oscuridad le llamaban Oscuro fobia, a los que temían bañarse, suciofobia, y así sucesivamente.

  Pero la teoría de Freud más polémica era el por qué lo seres humanos desarrollaban atracción hacia el sexo opuesto. Le llamó al hombre “miedo a la castración” y la mujer “envidia del pene” Todo para superar el Complejo de Edipo en su niñez. No veía que la pareja humana es c… porque sí, es un instinto natural y evolutivo para preservar la especie.

  Por eso digo que Freud y Jung ya estaban locos cuando escribieron sus tratados, sobre todo Freud en “La interpretación de los sueños” como un cartomántico que te dice que significa el sueño que generalmente es que te va a partir un rayo o llenarte las manos de dinero.  También en “Toten y Tabú” que me disparé escondido en la Universidad, y otros estudios que más que psicoanálisis o psiquiátricos parecían inspiración de un artista sensible y observador. Todavía no se había desarrollado el cine en toda su plenitud sino se hubiera inspirado en la forma de los cuetes, naves espaciales, zepelín para ver “un falo” simbólico en todos ellos, pues el hombre cada día es más impotente sexualmente y la proliferación de los gays les hace ver esos símbolos en todas partes.  

  Una paciente de 92 años  de mente clara, que me decía que nunca había sufrido ni una Depresión en su vida y que había sido fui feliz, fue con un psiquiatra.  El doctor se quedó mudo. Algún Síndrome tenía que endilgarle a la anciana. Y le dijo que portaba “El Síndrome de Matusalén” pero ella no iba a irse así tan campante de  la consulta. Le prescribió un montón de psicofármacos para que la vieja no se fuera sin un diagnóstico. La pobre mujer quería que la pusieran a descansar pues ya había vivido lo suficiente, había disfrutado de la vida, su familia ya había muerto y quería que el  Señor la llevara ya, pero con una pequeña ayudita. El médico le prescribió algunas drogas que la postraron en cama. Así murió inconsciente. Esta vez el médico había sido muy perspicaz. 

Yo también hice mi aporte al psicoanálisis o la psiquiatría cuando ejercía en una ciudad de Nicaragua.

  Inspirado en las  Santas Escrituras judeo-cristianas, me atreví a inventar el “Síndrome de Adam y Eva”.

  Cuando  Dios hizo el Paraíso vio que necesitaba una pareja humana: hombre y mujer los creo. Pero no sabía por qué le había puesto un falo al Varón y una hendidura en la entre pierna a la mujer.

  Las dos criaturas humanas tampoco sabían para qué servían. Dios por la duda de que aquellas partes de la anatomía iban más tarde a darle muchos problemas les dijo:

 -Coman todo tipo de frutas del jardín del Edén más de aquel árbol de jugosos, brillantes  y grandes  melocotones no comeréis porque entonces mi furia se derramará sobre ustedes y la utopía del Paraíso desaparecerá, igual que antes en que no había nada.


  Adam y Eva siempre estaban juntos pero notaron que un calor sabroso les recorría el cuerpo cada vez que sus cuerpos chocaban.

  No creo en la leyenda de la serpiente chismeándole a la pareja de que comieran frutos de melocotones. Lo cierto es que la varona digo Eva tomó un día una fruta- las mujeres siempre son las primeras en todo, sobre todo en eso de pecar-y se la comió. La encontró deliciosa y dijo  al varón:

  -Da un mordisco a la fruta para que veas qué buena es. Si te gusta, te haré luego pastel de melocotones.- Adám siguió el consejo de Eva y comió de la fruta del árbol prohibido.

  Entonces, una fiebre los embargó y un impulso desconocido se extendió por los dos cuerpos al punto que aquellas partes anatómicas que no sabían para que servían, se acoplaron perfectamente dándole el mayor placer de sus vidas.
  El árbol de Melocotones quedó sin un solo fruto en unos pocos días y hasta las hojas desaparecieron.

  Dios se enteró. El Arcángel Gabriel que era tremendo chismoso y confidente le contó al Altísimo de que se había quebrantado su prohibición.

  Dios bajó de sus mansiones celestiales- los dictadores de hoy día las tienen con piscinas y todo el lujo que el pueblo no disfruta-y maldijo a Adam y Eva a perder el Paraíso que tanto le había costado construir- en aquellos tiempos la argamasa, bestias y aves había que importarlas de todo el mudo, lo que le había costado una incalculable fortuna a toda la corte celestial que se sumergió en una gran inflación espiritual.     

  Total. Si aquellos accidentes anatómicos El mismo los había creado para obtener descendencia y no desapareciera la especie humana. Nunca supe por qué les había prohibido usarlos. ¿Sería por el placer que aportaban, cosa de la que EL estaba privado?

  Un ejemplo fehaciente de este Síndrome de Adam y Eva que yo descubrí me lo aportó mi secretaria de consulta en Nicaragua. Era una chica tímida. Muy bien arreglada y olorosa a perfume. Un día me pidió que quería consultarme algo. Me dijo con voz avergonzada y pudorosa, con el rostro encendido y la cabeza gacha:

  -Mire Doctor. El problema es que mi marido y yo deseamos vehementemente tener un hijo pero hace año y medio que lo estamos intentando y nada.

  Mi instinto médico me dijo que existía algo erróneo en las relaciones sexuales de la pareja y le dije:

  -¿Él usa preservativos o vos tomas las píldoras o el hombre derrama su semilla fuera de tu entrañas?-le dije con mucho tacto.

  -No sé, Doctor. Si yo nunca se lo he visto-el  miembro viril- ni se lo he tocado ni nada semejante. Además, no tomo la píldora y no sé si usa preservativo o no.
  -¿Entonces usted no siente placer?

  -No. Siento como si una banana verde, larga y dura me destrozara las entrañas cada noche.

  A mí se me iluminó el cerebro con el Síndrome de Adam y Eva antes del pecado original.

Le expliqué algunas técnicas sexuales que debería llevar a cabo, etc., etc.  Como la chica era hermosa y muy deseable me acerqué a ella para ser más explícito. Estaba yo excitado pero me contuve. No vaya a ser que si le metía mano allí mismo le produciría algún Síndrome de esos Maniacos y saliera calle afuera gritando: ¡El médico me quiso violar! o algo parecido. Por eso no la toqué. Actualmente por solo hablar de sexo aunque seas un médico con su paciente te acusan de abuso sexual o intento de violación. Aunque en aquellos años era práctica habitual las relaciones sexuales con pacientes más osadas o entre el personal médico y paramédico.         

  En los últimos años los psiquiatras y psicoanalistas han tenido que modernizarse con la nueva generación pop, de jóvenes de la música, la televisión, el cine y otros medios. Por ejemplo algunos ya conocen:

  El Síndrome de Jennifer López: aquí hay un trastorno de cómo se sienten las chicas en relación con el cuerpo. Todas quieren tener el trasero de la cantante y actriz. Hay una verdadera manía para insuflarse silicona o algún otro material en las nalgas y luego salir a la calle con vaqueros ceñidos, o chores apretados a fin de lucir un C… suculento. ¿Ya existe tratamiento para esto?

  Síndrome del Rapero: generalmente son morenos americanos que han hecho millones con sus raps y se visten llamativamente con sobretodos de pieles de visón abiertos, sombreros de ala ancha y múltiple Pierces de oro en las orejas y labios. Numerosas joyas le enredan el cuello. Todos los jóvenes, sobre todo morenos, quieren imitarlos y como no tienen los millones de dólares caen en algún tipo de depresión que necesita atención psiquiátrica.

  Síndrome de WHIINEY SPEAR: adolescente que alcanzó el estrellato con imagen de colegiala traviesa- incitación a los pedófilos-y cabellera dorada. Después que tenía muchos millones se volvió rebelde, se rapó el pelo, se puso piercing y descuido a sus dos hijos, al punto que perdió la custodia de estos. Luego luchó para recuperarlos.

   Díganme psiquiatras ¿Tiene tratamiento esto que no sean píldoras y píldoras sino psicoterapia que es hablar de cerca con los pacientes con mucha paciencia y amor, que tratan de imitar a estas figuras?

  Ya no hay que recurrir a la Mitología Griega. Solo observar la realidad alrededor. Los tiempos cambian.

  ¿Por qué se nos aceleraba el pulso, nos poníamos rojos y con la mirada fija y una erección que rompía el pantalón en nuestra adolescencia frente a una foto a todo color y semi desnuda de Marilyn Monroe. ¿Cuál era ese Síndrome que todos padecimos y que nos hacía sentir culpables?

  Éramos simplemente chicos normales respondiendo a una descarga de testosterona como siempre, en todas las épocas, ha pasado con la humanidad.

  Ahora espero que no me tilden de Psiquiatrofóbico, alguna razón tienen.    


                                  Orlando Vicente Álvarez

   
    CONTINUARA: COMO EN MI ISLA TRATABAN A LOS ENFERMOS MENTALES DE UNA FORMA TORTUOSA Y ANTIGUA.   

   
      

   
    

      

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