Saturday, November 3, 2018

AMY WINEHOUSE: LA MUERTE DE LA FLOR DE ANÉMONA.










AMY WINEHOUSE:   LA FLOR AHOGADA DE  ANÉMONA.
     
          ANÉMONA ES LA FLOR NACI0NAL DE ISRAEL.


    Parecía una chica adolescente que aún no había alcanzado la madurez de la adultez.
  Quisieron hacerle dar un look más seductor y que a la vez conservara un aire de niña traviesa. Su copiosa cabellera negra como ala de cuervo  fue levantada en un moyo alto gigante con una mecha cayendo descuidadamente por  su hombro.
 Sus ojos, bien delineados con negro rímel, le cambiaba la apariencia de niña joven pero para conservar el aire juvenil- una concesión al gusto del público joven-su pelo fue adornado con una minúscula flor, fresca o sintética, no sé, pero que le daba un aire de muchacha seductora, una femme fatal que encandilaba los jóvenes.
   Su cuerpo, de apariencia frágil, menuda y delgada, parecia que iba a partirse en dos en cualquier momento. Pero cuando cantaba… Su timbre de voz alcanzaba…  el embeleso.
   Joven judía que a los 10 años tocaba la guitarra y componía sus primeras canciones, alcanzó el estrellato en los años. S in embargo, su primer proyecto musical fue una banda de rap, cuando tenía sólo 10 años. Se llamaba Sweet ‘n’ Sour. Amy describe esa aventura como “el pequeño grupo de chicos judíos a lo Salt ‘n’ Pepa”, ese mítico grupo de rap neoyorquino de los '80 y uno de los primeros que llevó ese género a la masividad.
  Una chica de veinte que canta con la profundidad de una veterana, con un color de voz único y un manejo técnico deslumbrante. En la plenitud de sus facultades se la notaba con un total control de su arte, una habilidad innata. Era algo real, emocional, auténtico. No había artificios. Había un dolor ancestral en su canto. Alguna vez reconoció que no se le había pasado por la cabeza ser cantante profesional porque el canto para ella era natural, cotidiano, algo que siempre estuvo a su lado. Sus primeras apariciones públicas mostraban a una chica de gran franqueza, con una naturalidad salvaje y una frontalidad desusada.
En sus inicios ella se consideraba una cantante de jazz, pero con sus dos discos oficiales (luego de su muerte la discográfica editó algunos desparejos álbumes con tomas descartadas) se convirtió en la gran cantante de R&B, soul y pop del siglo XXI. Back to black es una pequeña obra maestra, la cumbre de su arte, de su legado escaso. Además de un éxito de crítica fue un descomunal suceso de ventas. Millones de copias en todo el mundo y premios de todo tipo. Cinco Grammys, Mercury Prize y varios Brits Awards.
  El álbum vendió, en todo el mundo, más de 20 millones de copias. El tema que mayor difusión tuvo fue "Rehab". Ese en el que la cantante le dice no, no, no a ingresar en rehabilitación.
  A mí me gusta más el dueto que hace con Tony Bennett, el standard “Body and soul” donde su cálida voz se iguala al del veterano cantante.
  Fue durante esos años en que la cantante tuvo sus primeros acercamientos con las drogas. Problema que, junto a su excesivo gusto por toda bebida con alcohol, aún la persigue.

Así de brillante, así de fugaz fue también la carrera de Amy. Apenas dos discos. Tres años en los que sus facultades físicas y musicales brillaron; después, la caída.
   
     Solo su guardaespaldas, que se despidió de ella cerca de la medianoche. A las tres de la mañana, Amy envió un mensaje de texto a un amigo: "Estaré acá para siempre, ¿y tú?". A las diez de la mañana, el guardaespaldas se acercó a su puerta y no escuchó nada. No lo sorprendió. Tampoco cuando repitió el movimiento a las 12 del mediodía. A las tres de la tarde, alarmado por la falta de respuesta de la cantante, ingresó a su cuarto. Llevaba muerta varias horas. Al costado de la cama había tres botellas de vodka vacías. Los análisis toxicológicos demostraron que no había rastros de drogas en su sangre, solo alcohol. Muchísimo. Una cantidad desmesurada. 4,16 gramos por litro de sangre. El límite antes del coma alcohólico es de 3,5. Nadie demostró demasiada sorpresa. Amy se había deshecho en público. Como había escrito en el tema que titulaba el disco que la consagró, Back to black: "Morí cientos de veces". Ese 23 de julio fue la última y definitiva. Una muerte lenta, solitaria, previsible y precoz.
   Como una flor de anémona, la flor nacional de Israel, se deshojaron sus pétales uno a uno y nadie pudo hacer nada. Moría una de las Diosas jóvenes  del Siglo XXI
                                                          ORLANDO VICENTE ÁLVAREZ


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