Tuesday, September 4, 2018

EL PERRO DÓBERMAN KID

EL PERRO DÓBERMAN KID

   Habiendo yo revalidado el título de médico aquí en Uruguay después de venir de Cuba. Me conseguí un trabajo en una clínica privada, que había instalado un argentino, sobre el tratamiento del dolor.
   Era un barrio de gente adinerada. El tratamiento era caro y en dólares y yo ganaba bien. Una paciente cincuentona, asidua a nuestra  clínica fue entusiasmándose conmigo. Me enteré que poseía una inmobiliaria y por tanto vendía apartamentos y casas.
     Cuando yo le di detalles de mi situación precaria, pues vivía en una pequeña pieza del centro de Montevideo. Me propuso rentarme una casa grande  que  estaba dos cuadras del Palacio Legislativo.
   La mansión era antigua y le era difícil venderla. Habia sido primero un refugio de monjas y después una escuela para enseñar ballet a las chicas.
   Me la ofreció por un precio módico y allí me instalé.
  El hall era de puro mármol blanco y el living de madera pulida. Tenía como 6 cuartos y uno de cristales entre dos jardines descuidados. Dos baños.
    Todo iba bien en mi nueva residencia hasta que el hijo de la Señora que tenía un perro Dóberman lo trajo a vivir conmigo pués la novia no lo soportaba. El perro se había acostumbrado al dueño desde cachorro y sólo era feliz cuando el chico venía a  verlo y la novia quedaba encerrada en el auto, pues le tenía terror.
    Yo lo encerraba en la parte posterior de la casona, tras una puerta de roble encristalada y tenía que soportar sus ladridos toda la noche pues nunca me tomó cariño. Amaba sólo a su dueño que más tarde dejó de venir pues se fue a Europa a trabajar.
   El Kid era insoportable. Para ponerle el alimento debía entreabrir un poco la puerta y lanzarle las pastillas de comida cuidándome de que no se saliera y me mordiera.
   Cierta vez, un sanitario hacía trabajos en el baño y no sé cómo el Kid abrió la puerta y le mordió la pierna atravesándole el pantalón y sangró. Tuve que pagarle demás para que no me denunciara.
   El Kid raspando la puerta con los dientes y uñas fue abriendo un orificio de a poco  hasta pode salir silencioso de su refugio. Cuando llegaba del trabajo encontraba los colchones  deshilachado pues tenía una ira constante, por falta de su dueño. También la agarraba con los muebles antiguos, de estilo, y los roía como si fueran madera blanda.
   Otro día un joven que me arreglaba el jardín, el Kid penetró silenciosamente y le mordió la mejilla. El chico ni se asustó sólo se puso un paño en la herida. Veía que después habría dinero  extra.
   La puerta del fondo al fin quedó  destruida y yo dejé al Kid hacer lo quisiera, por imposible, era un perro de fuerte carácter, creo que esquizofrénico si es que este diagnóstico se le puede dar a un perro.
  Pasó como un año. Yo sufriendo las malacrianzas del Kid pero él seguía con sus fechorías y nunca me quiso, solo a su dueño a quien no vería más, ni tan siquiera  preguntaba por su perro cuando me escribía desde Europa. Lo había olvidado o era a propósito.
    Una mañana no escuché al Kid ladrar. Fui a verlo y estaba muerto. A lo mejor de tanta  rabia le había dado un Infarto pues esta raza es propensa a esta afección.
  Yo sentí el no haberme ganado el cariño del perro. Y la muerte se aceleró por la ira de sentirse abandonado por su dueño.

  Moraleja: Nunca compres un Dóberman si no lo vas criar desde cachorro y darle cariño por ti mismo.       

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